Eduardo Conesa: “La fórmula es: tipo de cambio alto, superávit fiscal y meritocracia estatal”

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Eduardo Conesa recibió al equipo de VD en su domicilio para compartirnos su visión del desarrollo argentino. Diciembre 2025.
Eduardo Conesa recibió al equipo de VD en su domicilio para compartirnos su visión del desarrollo argentino. Diciembre 2025.

Eduardo Conesa, abogado, economista y ex diputado nacional, con una sólida formación académica que incluye un doctorado en la Universidad de Pensilvania, ha dedicado gran parte de su extensa carrera al estudio de las elasticidades de la economía argentina y al diseño de planes de largo plazo. En esta extensa entrevista, recorre la historia económica mundial y nacional para desentrañar por qué Argentina se estancó y cuál es la «fórmula científica» —probada en Japón, Corea y Alemania— que podría devolver al país a la senda del crecimiento. Desde su visión crítica sobre la gestión actual de Javier Milei hasta su propuesta de recrear el CONADE, Conesa ofrece una hoja de ruta técnica y política para el desarrollo.


VD: Doctor, se habla mucho hoy de las reformas estructurales para ganar competitividad. ¿Es posible ser competitivos solo con reformas, sin tocar el tipo de cambio real?

Eduardo Conesa: Yo creo que el planteo está equivocado. Este modelo actual va a permitir algunas exportaciones de petróleo, de cobre, de litio, pero no va a haber un gran boom exportador. Y eso no va a servir para un gran desarrollo porque esas actividades generan muy poca mano de obra. El nivel de vida de la población depende del nivel del salario, y el salario depende de la oferta y la demanda de trabajo. Con petróleo y litio la demanda será floja. Los salarios van a ser bajos; es un esquema de desarrollo muy primitivo.

Lo que habría que hacer es lo que hicieron todos los países que crecieron en la posguerra. La fórmula es clara: Tipo de cambio muy alto para exportar, finanzas públicas con superávit fiscal y una meritocracia estricta en la administración pública.

Los Modelos de Éxito: Japón, Corea del Sur y Alemania

VD: Usted siempre cita el caso de Japón. ¿Cómo aplicaron ellos esta fórmula?

Eduardo Conesa: Japón, en el año 1945, tenía un tipo de cambio de 100 yenes por dólar. Estados Unidos tenía interés en levantarlos para que no se hicieran comunistas por resentimiento. El consejo fue: pasen de 100 yenes a 360. Fue una devaluación fuerte con superávit fiscal para contrarrestar la inflación. La devaluación hace que se exporte mucho y se importe poco; entonces el Banco Central emite dinero para comprar divisas y el Estado debe tener superávit para retirar esa moneda de circulación. Establecieron una meritocracia donde solo los graduados con mejores notas entraban al Estado. Crecieron al 8% o 9% anual hasta 1980. Cuando se exporta mucho, hay un efecto multiplicador que produce demanda de mano de obra y pleno empleo productivo.

VD: ¿Y el caso de Corea del Sur? Usted menciona que nosotros exportábamos 30 veces más que ellos en 1960.

Eduardo Conesa: ¡Exactamente! En 1960 Corea del Sur exportaba por 30 millones de dólares y Argentina por mil millones. El General Park Chung-hee decía: «El pueblo se muere de hambre, solo tenemos montañas de silicio que no sirven para nada, la tierra arable es el 10%». EE. UU. le dio los mismos tres consejos: tipo de cambio alto, meritocracia y superávit. Hoy Corea exporta 800.000 millones de dólares, diez veces más que nosotros. Siguieron la receta al pie de la letra.

Eduardo Conesa (Cont.): También ocurrió lo mismo en Alemania Occidental. En 1948, con Konrad Adenauer y el ministro Ludwig Erhard, Estados Unidos les dio el mismo consejo: el tipo de cambio, que estaba en dos marcos, lo pusieron en 4,20. Superávit fiscal y meritocracia, que para los prusianos era tradición: generales patriotas e incorruptibles.

LUCES Y SOMBRAS DE NUESTRA ARGENTINA

VD: ¿Argentina tuvo algún período donde aplicara estos principios con éxito?

Eduardo Conesa: Con el General Roca. Roca se rodeaba de los más capaces, no importaba si eran amigos. En su primera presidencia la Argentina creció al 8%. Luego vino la crisis de 1890 con Juárez Celman y los «Bancos Garantidos», que emitían dinero con garantía en títulos de oro que no existían. Eso produjo una inflación del 200%. Pellegrini llamó a Roca como Ministro del Interior, pero intentaron salir con deflación y la economía se estancó.

Ahí apareció Silvio Gesell, un hombre de negocios alemán muy inteligente. Él y Ernesto Tornquist aconsejaron a Roca que la única forma de salir era devaluando un 127%, poniendo el peso oro en 2,27 pesos papel. Así empezó un crecimiento extraordinario que llegó hasta 1945.

VD: ¿Qué pasó a partir de 1945 con la llegada de Perón?

Eduardo Conesa: Perón gana porque en diciembre de 1945 establece el aguinaldo; la gente estaba encantada cobrando dos sueldos. Pero luego empezó un proceso de aumentar salarios 25% anual con tipo de cambio fijo. Eso produjo inflación interna y el crecimiento entre 1950 y 1955 fue cero. No había incentivo para exportar y no había divisas para importar. Luego Perón se enfrentó con la Iglesia, quiso crear la «Iglesia Nacional Justicialista» a lo Enrique VIII, y eso terminó en el levantamiento del ’55. Raúl Prebisch, al asumir con Lonardi, preparó un informe donde la tesis central era devaluar de 4 a 16 pesos por dólar para promover las exportaciones. A partir de ahí, la economía volvió a crecer.

VD: Llega Frondizi. Se habla mucho de sus contratos petroleros.

Eduardo Conesa: Frondizi antes de asumir ya tenía arreglados los contratos. Eran contratos para sacar el petróleo y entregárselo a YPF. No eran concesiones, como después sostuvo Illia, porque en la concesión el privado es el propietario. En el caso de Frondizi, el propietario siempre fue YPF; las empresas solo sacaban el petróleo por un precio (60% en pesos y 40% en dólares). Se triplicó la producción y se solucionó la balanza de pagos.

Sin embargo, Frondizi fijó el tipo de cambio y tuvo una crisis al final. El 29 de diciembre de 1958 hizo una devaluación de más del 100%. Pero cometió un error grave: en lugar de poner retenciones fiscales para el fisco, puso retenciones cambiarias que iban al Banco Central. Eso restringió la oferta monetaria, subió la tasa de interés y produjo una recesión del 6% a pesar de la alta inversión. Fue una situación extrañísima porque el plan no estaba perfectamente diseñado. Además, se equivocó con los militares al nombrar al general golpista Toranzo Montero. Tras la derrota electoral de 1962 ante el peronista Framini, Frondizi mandó a José María Guido a jurar ante Julio Oyhanarte en la Corte para evitar que asumiera el general Poggi.

VD: ¿Cómo analiza la caída de Illia y el plan de Krieger Vasena?

Eduardo Conesa: Arturo Illia aprovechó las inversiones de Frondizi, pero en el ’66 la economía se paró por falta de inversión nueva. Además, Illia molestó a Onganía, líder legalista del Ejército, y terminó gestando su propio golpe. Onganía llamó primero a Adalbert Salimei, pero la cosa no andaba. Luego apareció Adalbert Krieger Vasena, quien asesorado por Carlos Moyano Llerena, diseñó el plan: tipo de cambio alto, superávit fiscal con retenciones del 20% y baja tasa de interés. Fue lo más parecido a Japón y Alemania; crecimos al 7% anual hasta 1969.

VD: Usted menciona que en ese tiempo Brasil empezó a sacarnos una ventaja considerable. ¿Por qué ocurrió eso?

Eduardo Conesa: En los 60, Rusia y China fomentaban regímenes comunistas en América Latina (Uturuncos, Montoneros). En Brasil, tras la renuncia de Jânio Quadros, asumió João Goulart. EE. UU. envió al coronel Vernon Walters para instigar el golpe de 1964. Pero a diferencia de Argentina, Brasil siguió el consejo de una devaluación del 200% y tipo de cambio indexado. Crecieron al 9% anual por 20 años. En 1964 nuestros PBI eran iguales; en 1984 el de Brasil era 4 veces más grande. Hoy es 6 veces mayor.

VD: Pasemos a la historia del Plan Austral. Usted sostiene que el plan original fue suyo.

Eduardo Conesa: Si se fijan en mi página web, está el documento original. Yo era director del INTAL y amigo de Raúl Prebisch. Le presenté el plan, él quiso que yo lo publicara pero antes se lo llevó a Alfonsín. Al mes me dijo que se había peleado con el ministro Grinspun y le habían prohibido entrar a la Rosada. Entonces lo publiqué a dos páginas en Ámbito Financiero el 27 de junio de 1984. Es exactamente el Plan Austral. La única diferencia es que yo no cambiaba la moneda; Juan Vital Sourrouille vio el plan y, como en la misma página había un aviso de «Austral Líneas Aéreas», le puso ese nombre. Yo proponía congelar precios por tres meses para romper la inercia, con superávit y tipo de cambio alto.

Teoría Científica de los Derechos de Exportación

VD: Usted elaboró una teoría sobre los derechos de exportación basada en su tesis doctoral. ¿Cómo es ese cálculo «científico»?

Eduardo Conesa: Esto es científico. Lo dijo John Stuart Mill y lo dicen Krugman o Corden. Cuando un país enfrenta una demanda mundial inelástica para sus productos (trigo, maíz, carne), el derecho de exportación debe ser el inverso de la elasticidad de la demanda. Mi tesis en Pensilvania calculó que nuestra elasticidad promedio es -5; por tanto, el impuesto debe ser del 20%.

Si ponés el dólar muy alto sin retenciones, el exceso de oferta hace caer los precios internacionales y no ganás nada. Necesitás la retención para «bajar» el dólar solo para esos productos. Pero para los industriales, la demanda es infinita; a ellos tenés que dejarles el dólar alto pleno.

VD ¿Cuál cree es el máximo valor que deben tener los derechos de exportación?

Yo creo que el máximo de derecho de exportación tiene que ser el 20%. Porque el promedio de la elasticidad de demanda de los productos de exportación argentina en el mercado mundial es menos 5. Menos 5. La elasticidad en el mercado mundial del trigo es bajísima. Es, qué sé yo, un número absolutamente muy, muy bajo.

Pero como Argentina tiene una menor participación en el mercado mundial, apenas tiene 2 o 3%, entonces la elasticidad es mucho más alta. La elasticidad en promedio es, para la soja, el trigo, el maíz y demás, menos 5. Entonces, de acuerdo a la teoría económica, que está en todos los libros de economía internacional, hay que poner un impuesto que es el inverso de la elasticidad de demanda. Entonces, ¿Qué pasa? Si ponemos el tipo de cambio muy alto y exportamos mucho cobre, mucho trigo, mucho maíz, qué sé yo, nuestra economía exportadora va a fallar porque los precios de esos productos van a caer.

Chile, por ejemplo, que es un gran exportador de cobre, exporta el cobre por medio de una empresa estatal que se llama CODELCO. O sea, el cobre lo producen empresas privadas, pero lo compra la empresa estatal que se llama CODELCO. Y CODELCO es el que exporta.

¿Administra el Estado directamente la exportación de los recursos (cobre)?

Claro, CODELCO decide cuando exporta. Lo hace cuando el precio del cobre en el mercado internacional es alto, y retiene el cobre cuando el precio internacional del cobre en el mercado internacional es bajo. Y de esa manera maximiza sus… Ingresos. Eso es exportación.

Bueno, nosotros no podemos hacer lo mismo porque tenemos que hacer un CODELCO para el trigo, otro para el maíz, otro para el trigo… Como fue el IAPI en su momento. Claro, pero el IAPI era un monstruo que era inmanejable, porque son muchos productos. Entonces, aquí es lo práctico.

Como hay que tener superávit fiscal para que el tipo de cambio se mantenga alto, porque tiene que haber superávit fiscal para poder… Entonces, lo práctico es utilizar los derechos de exportación, que no pueden ser más del 20%, que además tienen la ventaja de que el artículo 4º de la Constitución Nacional dice que no son coparticipables. Los derechos de importación y exportación van exclusivamente al Gobierno Nacional y no se coparticipan con la provincia. Como lo importante es el superávit del Gobierno Nacional, porque es el que controla el Banco Central y la emisión de dinero, entonces los derechos de exportación permitirían, en el caso de la Argentina, bueno, recordar que el PBI es… 600.000 millones de dólares, y bueno, recaudar entre derechos de exportación más de 20.000 millones.

Tranquilamente, más de 20.000 millones. Si ponemos, además, el derecho de importación uniforme para todos los productos, se podría recaudar mucho más que en la actualidad, porque en la actualidad tenemos derechos de importación muy altos y estos productos no se importan. Derechos de importación muy bajos para otros productos, estos derechos no se importan.

Entonces hay que poner un derecho de importación uniforme para todos los productos, que es como tiene Chile


EL GOBIERNO DE JAVIER MILEI

VD: ¿Cómo conoció a Javier Milei?

Eduardo Conesa: Fui diputado por el Partido Demócrata (2016-2017) y nos encontrábamos en Canal 26. Como no había taxis a medianoche, yo lo acercaba a su casa en mi auto. Charlábamos mucho pero teníamos ideas distintas. Él era un liberal extremo, monetarista de Chicago, pero ahora parece haber pasado a la Escuela de Minnesota (Expectativas Racionales). Esa escuela dice que el crecimiento viene de las grandes corporaciones (Apple, Nvidia) porque producen inventos. Es una mezcla confusa: no sabés si es liberal o partidario de monopolios. Él cree que las empresas traen el progreso, pero Internet, por ejemplo, lo inventaron los militares.

VD: ¿Le pudo dar algún consejo?

Eduardo Conesa: Cuando asumió le mandé una carta diciéndole que la fórmula ya está escrita: Japón, Corea y China. En 1972, Kissinger convenció a los chinos de ser capitalistas en la práctica: tipo de cambio alto, meritocracia y superávit. China creció al 10% anual durante 30 años por seguir esos pilares y por un factor social curioso: la política de un solo hijo creó un exceso de varones que trabajaban como locos para ser millonarios y poder casarse con las pocas mujeres disponibles.

VD: ¿Qué le criticaría puntualmente al plan de Milei y Caputo hoy?

Eduardo Conesa: Tienen un equilibrio fiscal «de caja», pero la deuda crece; no es un equilibrio real. Además, no tiene idea de la importancia del tipo de cambio alto; cree que con el RIGI para el litio alcanza. Hoy la deuda externa no puede ser más de tres veces las exportaciones; si llega a cinco o seis, estalla. Y con este dólar bajo, las exportaciones no van a crecer.

Acá hay un negocio de mala fe: con el dólar bajo y tasas altas, hacen carry trade. El Ministro Caputo es socio del presidente del Banco Central (Santiago Bausili); traen sus dólares, hacen tasa en pesos y, como son socios, saben exactamente cuándo devaluar para salir a tiempo. Milei comete el error de Reagan al principio: monetarismo extremo que sobrevalúa la moneda y quiebra la industria. Reagan se dio cuenta, echó a Donald Regan (especulador tipo Caputo) y puso a James Baker, quien devaluó un 100%.

Por oro lado si el tipo de cambio es alto, en el presupuesto el gasto público (bienes no transables) reduce su participación en el PBI (del 45% al 25%). Milei comete el error de poner el tipo de cambio bajo mientras intenta reducir el Estado; es como apretar el acelerador y el freno al mismo tiempo.

VD: ¿El tipo de cambio alto no perjudica al trabajador?

Eduardo Conesa: Hay un error conceptual. La mayoría de lo que consume el trabajador son bienes no transables: el pan, el asado, las casas. Un tipo de cambio a 2.500 pesos aumenta la demanda de trabajo y estos bienes no suben igual. Con retenciones del 20%, el precio interno del trigo no vuela. Este esquema generaría 30.000 millones de dólares de recaudación adicional directa para la Nación.

VD: Sobre el empleo, usted tiene una visión muy particular sobre la elasticidad de la demanda de trabajo.

Eduardo Conesa: Nadie estudió esto como yo. La demanda es inelástica (-0,20). Los empresarios calculan el costo laboral en dólares. Si el tipo de cambio sube al doble, el salario en dólares baja a la mitad y eso aumenta la demanda de trabajo un 20% de inmediato. Además, si el PBI crece al 6% por las exportaciones, creás empleo genuino. Hoy el boom del cuentapropismo es síntoma de que el sistema no funciona.

Geopolítica y Teoría de los Bienes No Transables

VD:  ¿Qué opina del fenómeno de Trump y su relación con Argentina?

Eduardo Conesa: Trump no tiene nada que ver con Milei porque es ultraproteccionista; cuida el empleo de su país y que los demás se arreglen. Parece volver a la Doctrina Monroe de 1823: «América para los americanos». Le interesa cuidar su «patio trasero» (América Latina) y defender a Japón o Taiwán, pero no parece que vaya a poder contener a China  Hoy es imposible incluso para ellos competir con la escala de las fábricas chinas, como las de automóviles eléctricos.

VD: En ese contexto, ¿Cómo hacemos con la industria china?

Eduardo Conesa: Es imposible competir con la escala china en manufacturas. Necesitamos un tipo de cambio de 2.500 o 2.600 pesos. Debemos hacer un «doble juego»: ser amigos políticos de EE. UU. (por defensa nacional) y amigos comerciales de China e India, que son los que necesitan nuestros alimentos. Hay que ser socios en el comercio, como hace Brasil.

 ¿Ve a China como potencia hegemónica en este siglo?

Eduardo Conesa: China aplicó perfectamente toda la teoría que yo les digo: tipo de cambio «por las nubes» y ahorro fiscal. Pero China tiene un grave inconveniente: es una dictadura. La vida humana es finita y Xi Jinping se va a morir.

Si no organizan un sistema de sucesión ordenado, China va a explotar en peleas internas por el poder y todo su crecimiento se irá al pozo. Además, su crecimiento ya se está estabilizando en una «curva logística»; ya no crecen al 10%, sino al 4% o 2%.

Para cerrar Eduardo, primero agradecerte y luego preguntarte de si por sus particularidades Argentina necesita algo más para desarrollarse que esa formula de superávit fiscal, tipo de cambio alto y meritocracia que ya de por sí son todo un desafío en si mismas.

La fórmula es clara: tipo de cambio muy alto para exportar, finanzas públicas con superávit fiscal y una meritocracia estricta en la administración pública. Pero para eso necesitamos un plan e  instituciones para llevarlo a cabo. Hay que volver a crear el CONADE (Consejo Nacional de Desarrollo), donde había 300 tipos bien pagos que estudiaban a fondo los problemas de Argentina, como en la época de Frondizi. Hay que recuperar el Plan Laura para las autopistas y financiar el desarrollo con un plan nacional. Porque al final, Argentina se desarrolla si nosotros, los argentinos, tenemos un buen plan de desarrollo y una buena política de desarrollo. Si no hay un plan propio, no hay destino y ustedes los jóvenes son la esperanza del país y los que tienen que lograrlo.


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