
A casi dos años de su puesta en marcha, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) se ha consolidado como el eje gravitacional de la política económica del Gobierno para captar divisas. Sin embargo, la reciente decisión oficial de prorrogar por un año el plazo de adhesión al régimen, extendiendo su vigencia hasta julio de 2027, junto con los datos del último informe de la consultora Sistémica, obligan a una reflexión profunda desde la óptica desarrollista. ¿Estamos ante un motor de transformación estructural o ante un esquema que profundiza la desindustrialización?
Los números de la «etapa temprana» y la prórroga
La extensión del plazo hasta 2027 responde, según el Gobierno, a que los proyectos de gran escala requieren plazos de estructuración más largos. No obstante, esto también refleja que el ciclo de inversiones efectivas se encuentra todavía en una etapa incipiente. A pesar de que los anuncios totales superan los USD 53.971 millones, el impacto macroeconómico inmediato es acotado: los proyectos ya aprobados —apenas una docena a marzo de 2026— implicarían ingresos de capital por USD 5.600 millones en sus primeros dos años, un monto que representa menos del 1% del PIB argentino.
Radiografía del RIGI: Sectores y proyectos clave
El mapa de inversiones bajo el RIGI muestra una fuerte concentración en sectores extractivos, mientras que la industria de alto valor agregado lucha por ingresar al esquema. Según el cuadro de situación de Sistémica, el estado de los principales proyectos es el siguiente:
-
Sectores Extractivos (Aprobados): Destacan el Oleoducto Vaca Muerta Sur (YPF y otros) con USD 2.486 millones, la planta de licuefacción de Southern Energy (USD 2.825 millones) y el proyecto de litio de Rio Tinto en Salta (USD 2.724 millones).
-
Grandes Apuestas en Cobre (Presentados): Se han presentado proyectos de escala monumental que aún esperan aprobación, como El Pachón de Glencore (USD 9.500 millones), Agua Rica (USD 4.000 millones) y el proyecto Vicuña de Lundin-BHP (USD 2.000 millones).
-
Industria y Otros: Solo se registran casos aislados como la planta de hierro de Sidersa en Buenos Aires (USD 296 millones) y parques eólicos o solares de Acindar e YPF Luz.

La paradoja de los proveedores y el «Factor China»
Para el desarrollismo, la clave de una inversión no es solo el ingreso de dólares, sino su capacidad de traccionar al entramado productivo local. Aquí es donde el informe de Sistémica enciende las alarmas: el 45% de las importaciones de los proyectos RIGI provienen de China, mientras que Corea del Sur y EE.UU. completan el resto.
Es una paradoja geopolítica: mientras el Gobierno mantiene un fuerte alineamiento con Washington, el gigante asiático se consolida como el principal proveedor de bienes de capital e insumos industriales, alcanzando en 2025 su nivel más alto de importaciones en el siglo. Cámaras empresariales denuncian que equipos que podrían fabricarse en el país —como compresores industriales y manufacturas metálicas— están siendo importados bajo los beneficios aduaneros del RIGI sin requisitos de contenido local. El caso de la licitación de tubos con costura, donde un proveedor local perdió frente a un competidor indio, es el síntoma de un régimen que prioriza la velocidad de la inversión por sobre la integración nacional.
El contraste: Inversión externa vs. Desmantelamiento local
Mientras el RIGI busca atraer capitales, el entramado industrial preexistente sufre un proceso de desindustrialización acelerada debido al atraso cambiario y la apertura comercial. El anexo del informe de Sistémica detalla cierres y despidos masivos que contrastan con la narrativa oficial:
-
FATE: Cierre de planta con 920 trabajadores alcanzados.
-
Whirlpool y SKF: Cierre de plantas de metalmecánica y autopartes en Buenos Aires.
-
Sector Lácteo y Textil: Cierres en empresas como Verónica y Emilio Alal, afectando a cientos de operarios en Santa Fe, Corrientes y Chaco.
El sector automotor: Atrapado en el «Doble CUIT»
Uno de los puntos más críticos es la parálisis de la industria automotriz. Proyectos como la pick-up Niágara de Renault, la nueva Amarok de Volkswagen y la Ranger híbrida de Ford permanecen en suspenso. El obstáculo es el diseño normativo: la exigencia de crear una sociedad específica para producir bajo el RIGI (el llamado «doble CUIT») introduce una complejidad operativa inviable para plantas donde conviven modelos convencionales e híbridos. Esto genera una pérdida de competitividad frente a la importación de vehículos de nuevas tecnologías que ya gozan de beneficios impositivos.
¿Es el RIMI la respuesta?
Como paliativo, el Gobierno impulsó el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) para incluir a las PyMEs. Sin embargo, su implementación es incipiente y, según el análisis técnico, no logra compensar los «corsets» de la apreciación cambiaria y la demanda interna deprimida que asfixian al sector transable.
Conclusión
Desde una Visión Desarrollista, el RIGI debe ser más que una ventanilla de beneficios fiscales para sectores con demanda externa asegurada. Si no se corrigen las asimetrías que castigan al proveedor local y si no se simplifica el acceso para sectores de alto valor agregado como el automotor, corremos el riesgo de consolidar una economía de enclaves. El desarrollo no se importa en contenedores chinos; se construye integrando la riqueza del subsuelo con la capacidad de nuestras fábricas.
