Héroes y villanos de la producción nacional

El Ministro de Desregulación provoca y quiere ver una virtud en la fuga de divisas por turismo, mientras la realidad de la política oficial muestra lo contrario: un tipo de cambio retrasado que funciona como ancla inflacionaria castiga a la producción nacional. Detrás de la provocación dialéctica se esconde una desatención por los factores estructurales de la competitividad. En esta nota, analizamos por qué la prosperidad de las naciones desarrolladas no es un fenómeno monetario, sino el resultado de la capitalización y la productividad del trabajo

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Federico Sturzenegge
Federico Sturzenegge

Federico Sturzenegger es un provocador. El Ministro de Desregulación y Transformación del Estado asume deliberadamente su rol de adalid neoliberal (ahora se autopercibe libertario) en una sociedad que a lo largo de su historia fue siempre bastante antiliberal.  Ha cultivado este perfil.  Y aunque está entrenado en la polémica, a menudo exagera, como el nerd que no mira más allá de sus libros y conversa, piensa, sueña, hace chistes, ironiza y reduce todo a las categorías de su objeto habitual de estudio.

Ahora Sturzenegger decidió abordar el tema de los dólares que gastan los argentinos que veranean en el exterior, y lo hizo, como siempre, provocando desde su cosmovisión monetarista contra los prejuicios nacionalistas-pogre de la opinión pública, que se escandaliza contra quienes “dilapidan” ese bien tan escaso que son las divisas en divertirse o comprar bienes de consumo en el exterior.

Entonces Sturzenegger considera divertido provocar y afirmar que quienes gastan dólares en el exterior son en realidad héroes de la producción argentina.  El razonamiento escolar que utiliza para justificarlo es que los viajeros demandan dólares, presionan su precio al alza, sube el tipo de cambio y, con un dólar más caro, mejora la competitividad argentina, ayudando a sostener la capacidad exportadora del país.

 

Es curioso.  Lo que no dice Sturzenegger es que, para que esto ocurra, para que los argentinos tengan incentivos a ir a gastar dólares en el exterior, el gobierno primero hizo todo lo contrario: retrasó el precio del dólar, bajó el tipo de cambio.  Aplicando su mismo criterio Sturzenegger debería entonces reconocer que lo que hizo el gobierno hizo al establecer un dólar barato, fue “lastimar la competitividad argentina y la capacidad exportadora del país”.

¿Por qué el gobierno hizo eso?  Porque privilegió un dólar barato como ancla antiinflacionario, como parámetro para los precios locales de los bienes, y como fetiche para la clase media alta  (y sus viajes y consumos en exterior subsidiados).  En otras palabras, para controlar la inflación y hacer populismo cambiario, el gobierno incentivó las importaciones y desincentivó las exportaciones.

Detrás de las ingeniosas frases del ministro desregulador hay un reduccionismo monetarista.  Porque detrás del tipo de cambio hay bastante más que agregados monetarios y cantidad de divisas en el mercado de cambio.  También hay bastante más que decisiones regulatorias del gobierno (que se dice desregulador pero deliberadamente retrasa el tipo de cambio).  Los fenómenos económicos son bastante más que los fenómenos monetarios, y éstos deben explicarse por aquéllos.  Así como los precios de la economía no se pueden regular desde el Estado, tampoco se puede regular el precio de las divisas, como deberían reconocer antes que nadie nuestros “desreguladores” libertarios.

Los tipos de cambio (insistía Frigerio) tienen a reflejar la productividad relativa de las economías reales.  A mayor desarrollo de una economía (más y mejor tecnología, eficiencia, organización, infraestructura, etc.) mayor es la productividad del trabajo, y mayor la competitividad de esa economía.  Entonces la masa de bienes y servicios que se produce (su cantidad y calidad) no sólo es mayor por cada hora de trabajo insumido, sino que la producción es preferente a la hora del consumo (por calidad y precio).  De la mano de ese fenómeno económico real (calidad, cantidad, precio y preferencia), considerada en relación con otras economías reales de otros países del mundo, se compran altera el tipo de cambio: la moneda local se aprecia (se prefiere), y las divisas son más “baratas”.

Al revés, si un país está estancado en el subdesarrollo, ve trabada su productividad, pierde competitividad, la economía real se estanca, la moneda se deprecia, y el tipo de cambio sube.

Los liberales argentinos siempre, casi sin excepción, establecieron anclas artificiales al tipo de cambio (lo retrasaron con regulaciones y controles cambiarios y con políticas monetarias restrictivas) como suero antiinflacionario y como forma de imponer una racionalización forzosa de los sectores menos productivas de la economía.  Siguiendo la tradición liberal, lo hizo Sturzenegger como presidente del Banco Central durante la presidencia de Macri, y lo hacen ahora Caputo y Bausili para Milei.

Dice Sturzenegger que cada importación tiene que generar una exportación, porque requiere divisas.  Las exportaciones no salen de un repollo.  Salen de la economía real interna, resultan del esfuerzo empresario argentino, el aporte de los trabajadores, y el compromiso del Estado con dotar a la economía de infraestructura, transporte, energía, telecomunicaciones, por no decir una política fiscal, monetaria y cambiaria que las incentive también.

Dice Sturzenegger que muchas importaciones tiran para arriba el valor de la divisa (encarecen el dólar) y un dólar caro alienta las exportaciones.  También al revés, muchas exportaciones tirarían para abajo el valor de la divisa, y alentaría las importaciones.  Pero el gobierno de Milei retrasa artificialmente el valor de la divisa, alienta la importación, desincentiva la exportación.

Dice Sturzenegger que la demanda de divisas de los veraneantes es lo que sostiene la competitividad argentina.   Eso es directamente falso.  La competitividad de cada sector está dada por la productividad del trabajo, la tecnología, la organización, los precios de los recursos locales, los impuestos, el costo del crédito, etc.

Dice Sturzenegger que hemos cerrado tanto la economía que hemos detonado la capacidad de exportar.  Esto también es falso.  A pesar de que la economía se cerró durante mucho tiempo, Argentina tiene muchísima capacidad exportadora.  Lo que detona la capacidad de exportar es el retraso cambiario que el gobierno establece y mantiene.

Dice Sturzenegger que importar más y exportar más es el camino del Gobierno hacia una Argentina próspera.  La verdad es que el camino del desarrollo es la inversión privada y pública, y el compromiso del Estado con la tecnificación, la infraestructura, los incentivos fiscales a la producción, en suma la capitalización de la economía real, la elevación de la productividad, y la mejora de la competitividad del conjunto de la economía.  Los países ricos comercian más (exportan más e importan más) porque desarrollaron su economía, y no al revés.