Corregir el rumbo económico antes de que sea demasiado tarde

La paradoja de un gobierno liberal libertario que ubica en un altar el libre funcionamiento del mercado para la determinación de los precios de la economía pero mantiene intervenidos los dos principales precios: el tipo de cambio y la tasa de interés

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FATE:El cierre no fue un evento repentino, sino el resultado de una erosión sistemática de la competitividad que la empresa venía denunciando desde mayo de 2024
FATE:El cierre no fue un evento repentino, sino el resultado de una erosión sistemática de la competitividad que la empresa venía denunciando desde mayo de 2024

Esta semana nos despertamos con la noticia del cierre de la fábrica en San Fernando de FATE, la histórica empresa de neumáticos de Aluar de 80 años de antigüedad, que dejó en la calle 920 personas. Caída del mercado interno y cubiertas de origen chino, con hasta 40% de precios más bajos, que explican gran parte de la importación que tomó el 85% del mercado determinaron una reducción del 70% de la producción.

Hace 5 días, una de las dos empresas textiles más grandes del país, TN Platex, despidió 900 empleados, la mitad de su planta de personal, y entró en concurso preventivo. Espera reducir su producción a la mitad, dada la desaparición de la demanda por la importación del producto terminado.

A fines de noviembre, la multinacional Whirpool fabricante de lavarropas, instalada hace 3 años para producir 300 mil unidades, cerró su planta productiva de Pilar, despidiendo 220 trabajadores, para convertirse en importadora desde Brasil. Altos costos argentinos en dólares, debido a una política cambiaria que opera como herramienta al servicio de la política antiinflacionaria, hacen inviable exportar a precio competitivo, a lo que se suma la reducción de precios en el mercado interno (20% interanual) por auge importador, determinaron la inviabilidad del negocio.

La líder local en producción de azúcar, Ledesma, realizó durante el año 2025 un ajuste de su personal de más de 200 empleados, frente  un balance con pérdidas ($25 mil millones 2024/5) por el aumento de los costos de producción, logísticos, financieros, servicios e impuestos y disminución del precio y las ventas internas.

La multilatina Techint, a través de su empresa Tenaris, acaba de perder, la primera vez en 70 años, una licitación privada por la provisión de tubos para un gasoducto en Vaca Muerta contra una empresa india que utiliza acero chino subsidiado (60% del costo).

A estas empresas se suman, entre tantas otras, el cierre de Ilva en el sector cerámicos de su planta de Pilar (300 empleados), la quiebra de la lactea La Suipachense, en Suipacha, (143 empleados), la paralización de la planta de la metalúrgica Acindar, en Villa Constitución, con la extension de la suspensión de sus trabajadores para todo el año (2500 empleados), el cierre de la planta de Pilar de la multinacional de productos médicos Magnera (140 empleados) que concentra la producción en Brasil, Mexico y Colombia.

Así, grandes empresas líderes en sectores diversos de la producción industrial, como autopartes, textil, línea blanca, alimentos, productos de la construcción, productos médicos, metalúrgica y siderurgia, que atraviesan una situación crítica, por pérdida de mercado, destrucción de puestos de empleo y reducción de producción o cierres definitivos, nos están señalando que no hay un problema sectorial o microeconómico focalizado, sino una orientación de las políticas macroeconómicas que daña de manera generalizada al sector industrial. Si esta es la situación de grandes empresas líderes, muchas transnacionales, imagínense que ocurre con las PYMES.

Es una situación que no se aplacará, al contrario se exacerbará, si no se modifican de modo urgente parámetros de la política económica en curso que afectan a la competitividad del sector transable de la economía. Me refiero básicamente a dos cuestiones: el tipo de cambio real, y su contracara la tasa de interés, y la política de administración del comercio exterior en relación a las importaciones provenientes de Oriente, en particular China.

La paradoja de un gobierno liberal libertario que ubica en un altar el libre funcionamiento del mercado para la determinación de los precios de la economía pero mantiene intervenidos los dos principales precios: el tipo de cambio y la tasa de interés. El tipo de cambio bajo, con bandas establecidas por los funcionarios, sostenido ficticiamente, a partir de altas tasas de interés, determinan, como estamos presenciando, un cuadro de precios relativos incompatibles con un funcionamiento virtuoso del aparato productivo. El atraso cambiario funciona como un impuesto a las exportaciones y un subsidio a las importaciones.

Elon Musk, dueño de un imperio que realiza desarrollos en materia de IA y exploración espacial que contrata con la NASA, expresó, a principios de 2024, respecto a su unidad de autos eléctricos, que “si no se establecen barreras comerciales los fabricantes chinos de autos eléctricos demolerán a la mayoría de las empresas automovilísticas del mundo”.

Más cerca en la geografía y en el tiempo, principios de 2026, Marcos Galperín, insospechado de proteccionista, dueño de Mercado Libre, pide un marco regulatorio que impida la competencia desleal de la plataforma China de ventas on line, Temu, por vender productos por debajo del costo. Solo dos ejemplos que señalan la necesidad de actuar de modo diferenciado con la importación proveniente de este origen respecto a la producción occidental.

Es claro que no se puede tener una visión ingenua de libre comercio con quienes no juegan con las reglas del capitalismo de mercado. Existen en el marco de las regulaciones de la OMC la posibilidad de establecer salvaguardias, precios de referencia y restricciones cuantitativas, cuando el incremento de la importación amenaza a la producción instalada.

Algunas posibles medidas que se deberían tomar con carácter de urgente: a) cupos de importación a los productos chinos con un porcentaje de mercado, b) priorizar la actividad económica por la velocidad de la reducción de la tasa de inflación que se derivaría de un aumento del tipo de cambio y reducción de la tasa de interés y c) reimplantación de una tasa de estadística a las importaciones (5%) que permita reducir el distorsivo impuesto a los créditos y débitos bancarios.

El Gobierno está a tiempo de poner en valor todo lo mucho que ha realizado en estos dos años en materia de ordenamiento fiscal, monetario y desregulatoria, evitando que las distorsiones macroeconómicas señaladas y la falta de acción en el terreno del comercio exterior generen un verdadero industricidio y un consecuente incremento intolerable de la desocupación que nos transformen en una sociedad inviable.