Erik Reinert: «La industria tiene rendimientos crecientes y las materias primas decrecientes: esa asimetría explica toda la pobreza del mundo»

Federico Poli dialogó en exclusiva desde Oslo con Erik Reinert sobre el rol determinante de la industria en la generación de riqueza y las trampas teóricas que mantienen rezagada a la periferia. A través del «Otro Canon», el economista noruego demuestra cómo los países basados en materias primas sufren rendimientos decrecientes, mientras la manufactura e innovación impulsan ganancias sostenidas de productividad. Desde el concepto de "patear la escalera" hasta la paradoja de los recursos, este análisis imprescindible para la edición N.º 100 de Visión Desarrollista desarma los dogmas del mainstream y alerta sobre los nuevos riesgos de la inteligencia artificial

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Erik Reinert es hoy una de las referencias más importantes e influyentes del pensamiento heterodoxo y la economía del desarrollo a nivel global.
Erik Reinert es hoy una de las referencias más importantes e influyentes del pensamiento heterodoxo y la economía del desarrollo a nivel global.

Federico Poli dialogó en exclusiva desde Oslo con Erik Reinert, una de las mentes más agudas y originales de la economía heterodoxa contemporánea y nos comparte tan valioso registro para publicar en la edición especial N.º 100 de Visión Desarrollista. Doctor por la Universidad de Cornell, graduado en Harvard y St. Gallen, Reinert es mucho más que un teórico de la academia: durante casi dos décadas dirigió su propia empresa industrial en Italia (Matherson-Selena), experiencia práctica que moldeó su comprensión sobre la brecha entre la economía real y los modelos abstractos del mainstream. Su obra cumbre, La globalización de la pobreza: cómo se enriquecieron los países ricos y por qué los países pobres siguen siendo pobres (2007), se convirtió en un texto de referencia global al rescatar el llamado «Otro Canon» de la economía. Frente al dogma neoclásico iniciado con David Ricardo —que asume que todas las actividades económicas son cualitativamente iguales y que el libre comercio equilibra automáticamente el bienestar internacional—, Reinert demuestra históricamente que el desarrollo es una cuestión de calidad de actividades. Las economías basadas en materias primas operan bajo rendimientos decrecientes (a mayor producción, mayor costo y menor eficiencia), mientras que aquellas cimentadas en la industria y la innovación lo hacen bajo rendimientos crecientes (ganancias sostenidas de productividad y división del trabajo). Desde el Renacimiento italiano hasta el milagro asiático, ningún país alcanzó el alto ingreso primando el libre comercio prematuro, sino emulando la estructura industrial de las potencias vigentes y protegiendo su capacidad productiva interna antes de abrirse a la competencia global.

En este mano a mano imperdible, Federico Poli desglosa junto a Reinert las trampas conceptuales del pensamiento económico dominante y la vigencia de la matriz industrializadora. A lo largo de la entrevista, el economista noruego analiza desde la paradoja de los recursos y el célebre concepto de «patear la escalera» desarrollado junto a Ha-Joon Chang, hasta la necesidad inminente de un Plan Marshall para el continente africano. Además, advierte sobre los riesgos geopolíticos actuales y lanza un agudo aviso sobre la Inteligencia Artificial: la amenaza de que el algoritmo codifique una única visión del mundo como «verdad objetiva», relegando nuevamente a los países en desarrollo a los márgenes de la economía global. «La industria tiene rendimientos crecientes y las materias primas decrecientes: esa asimetría explica toda la pobreza del mundo», sentencia Reinert y remata con una metáfora demoledora: «Ningún padre le diría a su hijo que su vocación es limpiar cocinas porque es bueno en eso; es exactamente lo que la economía le recomienda a los países pobres». Sus palabras ratifican la esencia del pensamiento desarrollista y el eje de nuestra batalla ideológica contra la perniciosa idea, hoy tan en boga, de pretender vivir exclusivamente de los recursos naturales. Como ha sostenido el propio Reinert en su vasta obra: «La industrialización cura la corrupción. Y la desindustrialización causa distintos tipos de delitos. En cierto sentido, la corrupción es un sustituto porque no hay dinero para ganar en el sector real».

Los invitamos a disfrutar esta joyita que agradecemos a Federico en el marco de la centesíma edición de Visión Desarrollista .


 

Federico Poli: Eric, empezaría justamente por lo que está muy presente en tus escritos, que tiene que ver con el otro Canon. Reivindicás una tradición en economía muy distinta de lo que se conoce como el mainstream. Rescatás al economista escocés William Robertson, quien, un año después de la publicación de “La riqueza de las Naciones”, dio a conocer su libro “History of America”, en el que plantea que el primer objeto de atención cuando se estudian las sociedades es el medio de vida y dependiendo de estos distintos modos se corresponden diferentes leyes y políticas, una visión bastante próxima al materialismo de Marx. Y señalás algo muy interesante: que si las organizaciones de Washington —especialmente el FMI y el Banco Mundial— se hubieran basado en Robertson y  no en Adam Smith y David Ricardo, hubieran visto el vínculo que existe entre el modo de producción de África, por ejemplo, y su pobreza. ¿Por qué comenzaste a pensar de esta manera?

ERIK REINERT: A los 18 años me invitaron al Perú para una campaña de recaudación de fondos para escuelas. Viajé por todo el país y vi que la gente hacía las mismas cosas que en Noruega —el taxista, el camarero—  eran tan eficientes como allá, pero su ganancia era una décima parte.. Entonces me pregunté: ¿por qué la gente que hace lo mismo tiene sueldos tan diferentes? Desde allí comencé a investigar qué es lo que decide el sueldo en Lima. La respuesta es con quién se divide el mercado de trabajo. El sector clave era el que tenía competencia internacional: en los países ricos eran industrias; en los pobres, materias primas.

¿Cuál es la diferencia entre la manufactura y materias primas? La diferencia mayor es que cuando sube la producción de materia prima, baja la eficiencia. Cuando los ecuatorianos comenzaron a exportar muchos plátanos, en los años 50 y 60, bajó la productividad. Contrariamente, en los años 30, cuando bajaron los precios y demanda de estaño en Bolivia cerraron las minas menos ricas y subió la productividad. Es exactamente lo opuesto de la industria. Los retornos decrecientes de las materias primas era una llave mayor para explicar la pobreza. Históricamente encontré italianos del siglo XIII y XIV que ya preguntaban: ¿por qué son tan ricas Venecia y Ámsterdam si no tienen agricultura? Porque tienen industria, y la industria tiene retornos crecientes y una gran división del trabajo. Decían que cuantas más profesiones hay en una ciudad, más rica es la ciudad.

Federico Poli: En tu tesis doctoral hacés referencia a un economista italiano del siglo XVII, Antonio Serra, que explica el mecanismo por el cual dos regiones ricas en recursos naturales y producción agrícola, como Nápoles y el reino de las dos Sicilias, eran pobres en relación a la República de Venecia, muy pobre en recursos pero involucrada en manufactura y comercio. En tu tesis llamás a esto la paradoja de los recursos.

ERIK REINERT: Exactamente. Y si uno va mirando la historia económica se ve ese patrón en todas partes. El rey Enrique VII, que llegó al poder en Inglaterra en 1485, había crecido en Francia donde vio que las ciudades que elaboraban la lana inglesa convirtiéndola en tejidos eran mucho más ricas que las que producían la lana cruda. Entonces su política fue prohibir la exportación de lana cruda. Llegó al punto en que la penalidad por exportar lana cruda era que te cortaban una mano. La segunda vez era la pena de muerte. Cuando los economistas hablan de la mano invisible, para mí la primera mano invisible era la que cortaban a los ingleses para proteger su industria. Y esto se ha olvidado.

Federico Poli: También hablás de la mano invisible de Adam Smith y no solo de “La riqueza de las naciones” sino también un texto anterior den el que la mano invisible queda un poco en ridículo porque originalmente aparece como metáfora del sistema solar, ¿no es cierto?

ERIK REINERT: Sí. El primer escrito de Smith, que ya no se publica, era sobre el sistema solar. Ahí la metáfora de la mano invisible —lo que mantiene a todos los planetas alrededor del Sol— puede ser una buena metáfora, pero no en la economía. En “Sobre los sentimientos morales” dice también que la gente rica tiene una capacidad de comer que no es muy grande, entonces la mano invisible redistribuye comida a los pobres por la falta de capacidad de los ricos. Pero eso no describe ninguna economía real.

Federico Poli: Vos sos muy crítico de la escuela clásica que comienza con Adam Smith y se desarrolla con David Ricardo, en particular de la teoría del comercio internacional de las ventajas comparativas y lo vinculas al mantenimiento de los países subdesarrollos en esta condición. Me pareció muy ilustrativa esta comparación que hacés: ningún padre le recomendaría a su hijo que, si es bueno limpiando la cocina, debería especializarse en limpiar cocinas en restaurantes porque es su ventaja comparativa. Pero eso es precisamente lo que les recomienda la teoría ricardiana a los países pobres.*

ERIK REINERT: Según los alemanes, la teoría de los ingleses tienen cantidades pero no calidades. La teoría de Ricardo es la teoría del comercio internacional del capitalismo sin capital: el capital no es un factor y no tiene diferencias entre actividades económicas. Así que en un hospital el que limpia pisos tendría que tener el mismo sueldo que los cirujanos. No ven diferencias cualitativas entre actividades económicas. Y lo que no comprendo es cómo esa idea ha sobrevivido tanto tiempo. La única explicación que encontré es que ha sobrevivido porque está en el interés de los países ricos. Los ingleses se enriquecieron haciendo tejidos de lana en lugar de exportar lana cruda…

Federico Poli: Mencionás al economista neoclásico Lionel Robbins, que decía que Smith y los economistas clásicos eran cosmopolitas y favorables al libre mercado porque favorecía a Gran Bretaña, ya que eran ante todo eran ingleses y en segundo lugar economistas.

ERIK REINERT: Exacto. Nunca hubieran hecho una recomendación contra el interés de Inglaterra. Son primero ingleses y después economistas. Por eso las teorías que llegaron después —los economistas alemanes, el cameralismo, los mercantilistas— son mucho más realistas. Alemania quedó dividida en casi 300 estados pequeños después de la guerra de los 30 años y cada uno necesitaba su propia industria. Friedrich List fue el gran teórico de eso y también un pionero de los ferrocarriles: industria para crear riqueza y ferrocarriles para bajar los costos de transporte. Lo interesante es que cuando cayó el Muro de Berlín, tanto Alemania Oriental como Alemania Occidental sacaron estampillas en honor a List. Era el único héroe que tenían en común.

Federico Poli: Mencionás a List y la idea de ‘patear la escalera’, que retomó el economista coreano Ha-Joon Chang en su libro “Kicking Away the Ladder”. Entiendo que ambos trabajaron muy juntos en ese proyecto.

ERIK REINERT: Sí, trabajamos juntos y ese libro casi sale con los dos como autores. Marx también es relevante en esta historia: aunque estoy muy lejos de ser marxista, lo interesante es que Marx comenzó a estudiar economía leyendo a List, en 1840 y 1841, cuando salió su libro. Tenían algo en común: la necesidad de la industria. Y los dos tenían razón en eso. List también discute con Adam Smith sobre las leyes de navegación: gracias a ellas Gran Bretaña llegó a ser una gran potencia mundial, porque le otorgaban el monopolio del comercio y la marina mercante. Y además se prohibió la producción de tejidos en India para que el algodón se procesara en Inglaterra. La manufactura: ahí está la riqueza. Eso sigue siendo válido hoy, y lo increíble es que la teoría de Ricardo todavía sobrevive casi como un monopolio.

Federico Poli: Cuando cuestionás el corpus abstracto sobre el que se monta la teoría ricardiana, contraponés los estudios de casos como los que comenzó a hacer Harvard sobre empresas exitosas, y lo vinculás con la idea de emulación de la que hablaban los economistas de la Ilustración: ver qué camino tomaron otros para llegar al desarrollo.

ERIK REINERT: Sí, y eso se nota sobre todo en los libros del siglo anterior a Adam Smith, cuando se hablaba mucho de copiar a Holanda, el primer país verdaderamente industrializado, antes que Inglaterra. Los libros de aquella época decían: ¿cómo podemos enriquecernos? ¿Cómo podemos emular a los holandeses? Hay una línea histórica bastante consistente en eso. Y después de la Segunda Guerra Mundial pasó algo interesante: los americanos primero quisieron debilitar a Alemania prohibiendo la industria en las zonas bajo control  de los aliados porque Alemania había comenzado las dos guerras. El embajador estadounidense en Berlín reportó que había una enorme corriente de refugiados de Alemania Occidental porque no había trabajo y temía que los comunistas ganaran. Entonces llegó en 1947 el Plan Marshall. Yo espero ahora que en África también se descubra la necesidad de un Plan Marshall, para evitar la inmigración y las muertes en el Mediterráneo. Tanta gente muere en el mar por falta de industria.

Federico Poli: Viniendo a la actualidad y a esta cuarta revolución industrial, la inteligencia artificial, ¿cómo estás viendo el futuro de la manufactura y de la economía virtual para los países en desarrollo?

ERIK REINERT: Es posible que la industria haya tenido ya su período más importante, y eso hace más difícil para los países pobres enriquecerse. Lo que nace es una economía de servicios muy diferente de las anteriores: la economía de Microsoft y similares. Eso puede ser un problema serio. Pero lo que más me preocupa de la IA es otro: Nietzsche decía que la objetividad se alcanza cuando se ha visto un problema desde todos los ángulos posibles. Si uno quiere explicar la Casa Rosada, necesitas fotos del exterior, planos de todos los pisos, fotos desde todos los ángulos. Cuantos más ángulos tenés, más exacta es la respuesta. Temo que la IA no llegue a esa objetividad de mirar un problema desde todos los ángulos. Es como la teoría de Ricardo: si es la única explicación del comercio internacional que se codifica, la gente se queda pobre.

Federico Poli: ¿Cómo estás viendo la disputa entre China y Estados Unidos, con Europa y América Latina en el medio?

ERIK REINERT: La política arancelaria de Trump es una teoría bastante descabellada: aranceles contra todo, incluso en lugares donde solo hay pingüinos. Después del NAFTA, México se especializó en las partes no mejorables técnicamente —por ejemplo, el ensamblado final de un teléfono celular, que no requiere muchos conocimientos— porque sus salarios son una sexta parte de los de Estados Unidos. Ahora Trump quiere que esas industrias regresen, pero no tiene mucho sentido porque los sueldos en EEUU son más altos.

China, en cambio, ha hecho las cosas bastante bien. En una conferencia en Moscú escuché a rusos y chinos discutir esto. Los rusos reconocían que en Rusia había una jerarquía muy rígida: se cortó la cima y cayó todo. China, en cambio, después de su revolución formó estados, ciudades y municipalidades con su propia industria, en la costa y después en el interior. Había muchas más iniciativas a niveles muy diferentes en China que en Rusia. Creo que esa es una parte importante de la explicación del éxito chino.


* «Ningún padre le diría a su hijo: “Tenés una ventaja comparativa lavando platos y limpiando la cocina, así que te aconsejo que hagas tu carrera en la cocina de un restaurante”. Cualquier padre entiende que la vida económica real consiste en una jerarquía de profesiones; pero esas mismas personas, cuando actúan como economistas basados en las teorías de David Ricardo, pretenden demostrar que las naciones optimizan su riqueza siguiendo cualquier ventaja comparativa, ya sea limpiar platos o diseñar computadoras.»

— Erik S. Reinert, A Modern Guide to Uneven Economic Development (Edward Elgar Publishing).


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