Cuando Eduardo Feinmann le preguntó por los despidos y los cierres de empresas en el conurbano bonaerense, Javier Milei hizo lo que mejor sabe: divagar.
Durante un minuto y medio, el presidente especuló sobre escenarios hipotéticos. Imaginó, por ejemplo, que si cerraban diez empresas de un solo trabajador y abría una con diez empleados, el nivel de ocupación no variaba.
«Así como se destruyen empresas, se crean empresas», dijo Milei. «Usted lo que tiene que fijarse es, digamos, en ese efecto, si la cantidad de empleo sube o baja».
El presidente argumentó que en lugar de citar datos puntuales había que mirar los números agregados, porque aunque algunos hablaran de la destrucción de empleo en el conurbano, él podía exhibir cifras «muy positivas» de Neuquén, Río Negro y las otras provincias que adhirieron al RIGI.
Todo lo que dijo el presidente era mentira, y los datos oficiales lo demuestran. El empleo privado formal y la cantidad de empresas cayeron «a nivel agregado» —para todo el país— y también en casi todas las provincias. No hay ningún misterio sobre esto.
Milei miente porque lo dejan. Feinmann nunca repreguntó ni lo corrigió. La entrevista fue a principios de agosto, pero esta semana el presidente repitió las mismas ideas en un discurso ante el Consejo de las Américas.
Qué dicen los datos
Los datos oficiales son públicos y fueron ampliamente difundidos. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 (último dato disponible), el empleo asalariado registrado del sector privado cayó 241.000 puestos en términos desestacionalizados, una contracción del 3,8% desde que comenzó el gobierno de Milei. El dato surge de la base del SIPA, que se nutre de los registros de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero.
Las únicas provincias que ganaron empleo fueron Neuquén, con 10.000 puestos más desde que asumió Milei; Río Negro, con un crecimiento de 4.000; y San Juan, con unos 300 puestos adicionales. Todas las demás registraron caídas. La provincia de Buenos Aires perdió 84.000 empleos, la Ciudad de Buenos Aires casi 48.000, Córdoba 18.000 y Santa Fe casi 15.000.
Algunas presentaron un desplome en términos porcentuales. Santa Cruz y Tierra del Fuego perdieron un 17% del empleo privado formal. En Misiones, Catamarca, Chaco, La Rioja y Formosa, la caída superó el 10%.
Entre las más golpeadas, varias están adheridas al RIGI, como Santa Cruz, Misiones, Catamarca, Chaco, Córdoba y Santa Fe.
En términos sectoriales, las mayores caídas fueron de 85.000 empleos en la industria, casi 63.000 en la construcción, más de 25.000 en transporte y un número similar en actividades inmobiliarias. El único sector que creció fue agricultura y pesca, con unos 14.000 empleos más. Incluso la minería y el petróleo —uno de los sectores ganadores del modelo Milei— registraron una pérdida de casi 8.000 puestos a nivel país.
La destrucción de empresas es casi un espejo de la caída del empleo, a pesar de lo que sostuvo Milei. A nivel nacional, la cantidad de empleadores disminuyó en 30.633 según los registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, que contabiliza a cualquier organización con al menos un trabajador registrado, excluyendo al personal doméstico. Representan el 6% de las empresas que existían al inicio de la gestión. (La cuenta incluye al sector público, pero su impacto en la variación es mínimo).
El centro de estudios Fundar analizó estos datos y concluyó que se trata de la peor destrucción de empresas en los primeros treinta meses de cualquier gobierno argentino del que se tenga registro comparable, un desplome similar a la destrucción documentada durante los primeros meses de la pandemia.
Las mayores pérdidas se concentraron en Buenos Aires, donde la caída neta —cierres menos aperturas— superó las 8.000 empresas, una baja de casi el 5%. Le siguieron Córdoba, con unas 4.800 empresas menos, un 9%; la Ciudad de Buenos Aires, con cerca de 3.300, una baja del 2,7%; y Santa Fe, con más de 3.000 empresas perdidas, un 6% del total. Mendoza, Entre Ríos, Misiones, Chaco y Corrientes también perdieron más de 1.000 empresas cada una.
Por rubro, el más golpeado fue el comercio, que perdió más de 8.000 empresas, seguido de transporte con casi 7.000, e inmobiliaria e industria con unas 4.000 cada una. Los únicos rubros que crecieron fueron los servicios personales y los servicios administrativos, además del aumento neto de 27 empresas mineras y 14 de energía eléctrica.
El informe de Fundar aclara que la retracción no responde tanto a un mayor número de cierres, sino a una tasa de apertura históricamente baja.
Peor que Alberto
El gobierno de Milei queda mal parado incluso frente al de Alberto Fernández, que terminó con su popularidad por el piso y atravesó un período marcado por la alta inflación y la crisis del costo de vida. Aun así, en materia de empleo y creación de empresas tuvo un desempeño muy superior al actual, a pesar de haber enfrentado la pandemia, la guerra en Ucrania y una de las sequías más duras en décadas.
Entre noviembre de 2019 y noviembre de 2023, el empleo privado registrado creció en casi 350.000 puestos y la cantidad de empresas terminó en 2.000 firmas por encima del punto de partida, pese al desplome sufrido durante el confinamiento del COVID-19.
Todas las provincias sumaron empleo durante ese período, salvo Tucumán. Buenos Aires lideró con 137.000 puestos adicionales, seguida por Córdoba y la Ciudad de Buenos Aires, que aportaron más de 40.000 cada una. Pero el dato más llamativo es Neuquén, que ganó más de 20.000 empleos, el doble de lo que acumula hasta ahora con Milei. Río Negro también duplicó su marca en comparación con el gobierno actual, con 9.600 empleos generados durante los cuatro años de Fernández.
Un caso curioso es el de Añelo y Confluencia, dos departamentos de Neuquén que vivieron un boom por Vaca Muerta. Durante el gobierno de Fernández, Añelo ganó más de 6.000 empleos, sobre todo en construcción. Confluencia ganó más de 16.000, concentrados en servicios, construcción, minería y petróleo, industria y comercio. Con Milei, Añelo perdió 1.913 puestos —principalmente en construcción— y Confluencia ganó solo 6.351, casi 10.000 menos que con Alberto.
Desempleo y exportaciones
Durante la entrevista con Feinmann, Milei dijo que la desocupación se mantenía estable. Es cierto, ronda el 7,8%. Pero ese número esconde otro problema. En el primer trimestre de 2026, la informalidad laboral trepó al 44,2%, el nivel más alto desde que el INDEC comenzó a medirla.
Daniel Schteingart, director de Fundar, dijo a Infobae que los que pierden un empleo asalariado puede verse empujado a salir aceptar trabajos informales.
«Esa persona no se puede quedar cruzada de brazos porque se muere de hambre», dijo Schteingart. «Pasa quizás al trabajo no registrado o al trabajo no asalariado».
Todo esto convive con un boom en el sector energético y minero, que se prevé que lleve al país a un récord exportador cercano a los 100.000 millones de dólares en 2026. Pero son sectores que crean poco empleo.
Gran parte de los puestos actuales en estas áreas fueron contratados durante gobiernos anteriores, lo que tiene sentido porque son proyectos de gran escala que necesitan tiempo para madurar. En este sentido, el RIGI podría aportar puestos en el futuro si finalmente se materializan los anuncios de inversión. Tal vez pocos, pero empleos al fin.
El empleo privado, históricamente bajo
El empleo privado formal ha sido históricamente bajo, un rasgo estructural del subdesarrollo en Argentina. El número de asalariados registrados en el sector privado ronda los 6 millones, alrededor de un 20% de la población en edad de trabajar, medida como aquella entre 15 y 64 años.
En Uruguay y Chile, el sector privado formal asalariado es alrededor del 40% de la población en edad de trabajar; en España es ligeramente superior. Reino Unido y EE. UU. están por encima del 50%.
La creación de empleo registrado se ha considerado históricamente un objetivo central para la mayoría de los gobiernos y una vara del éxito de un modelo económico, junto con variables como la estabilización cambiaria, el nivel de actividad, la balanza comercial, el riesgo país y el salario real.
El gobierno de Milei parecía compartir ese objetivo, o al menos se esmeraba por aparentarlo cuando argumentaba que sus reformas económicas —en particular la laboral— supuestamente facilitarían que se creara más empleo privado.
Ahora, en cambio, el propio presidente se embarca en una cruzada contra la realidad y los datos de empleo. No son señales esperanzadoras de que esta tendencia vaya a cambiar.
Ver detalle del tablero de empleo privado y empresas.

