Industria y Nación: desarrollo productivo y estrategia de Estado en el nuevo orden global

El debate sobre la industria no es sectorial sino estratégico: define el tipo de Nación que la Argentina podrá construir en el nuevo escenario global.

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La cuestión industrial en el nuevo ciclo económico

La industria manufacturera argentina cerró 2025 con un crecimiento estadístico leve respecto al año anterior. Sin embargo, el nivel general de actividad continúa aproximadamente un 9% por debajo de los niveles de 2022. En diciembre se registró una nueva caída interanual cercana al 4%, con 10 de 16 ramas industriales en retroceso.

Los sectores más afectados muestran cifras que reflejan un proceso contractivo profundo: textiles con caídas superiores al 25%, automotriz por encima del 20%, maquinaria y equipo y metalmecánica con bajas de dos dígitos, bienes durables en retroceso pronunciado. El empleo industrial acumula decenas de miles de puestos perdidos respecto de su pico de 2023.

El dato no es coyuntural. Es estructural.

La Argentina atraviesa un proceso de estabilización macroeconómica basado en equilibrio fiscal, desinflación y apertura comercial acelerada. El problema no radica en la estabilización —condición indispensable para cualquier estrategia de desarrollo— sino en la ausencia de una estrategia productiva complementaria.

La historia económica argentina demuestra que estabilizar sin desarrollar conduce a ciclos de atraso cambiario, reprimarización y fragilidad externa.

Las causas estructurales: estabilización con atraso relativo

El esquema actual combina apreciación cambiaria en términos reales, reducción de aranceles y mayor competencia importada, caída del salario real con contracción del consumo interno, costo financiero elevado y una presión impositiva acumulada sobre la producción formal que continúa siendo de las más altas del mundo emergente.

En este contexto, la industria transable pierde competitividad rápidamente. El fenómeno no es nuevo: cada vez que el tipo de cambio se atrasa en relación con los costos internos, el aparato industrial se debilita.

La cuestión central es política y estratégica: ¿puede un país de escala media como la Argentina sostener un proyecto de desarrollo nacional sin capacidades industriales propias? La experiencia histórica —desde el desarrollismo clásico hasta las estrategias contemporáneas de Estados Unidos, China o Corea— indica que no.

Industria y poder nacional

El debate industrial no es sectorial. Es geopolítico. Un país que pierde capacidades industriales pierde empleo calificado y movilidad social ascendente; pierde desarrollo tecnológico autónomo y encadenamientos productivos; pierde capacidad exportadora diversificada y soberanía en sectores estratégicos; pierde, en definitiva, instrumentos concretos de poder económico y político.

La industria no es solo producción. Es generación de aprendizaje tecnológico, integración del conocimiento científico a la estructura productiva, desarrollo de proveedores locales, formación de capital humano técnico y articulación entre Estado, empresas y sistema científico-tecnológico.

Las potencias no abandonan su industria. La reorganizan, la modernizan, la integran a nuevas cadenas de valor y la convierten en plataforma de poder.

En el mundo posterior a la pandemia y en el marco de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (2025), la reindustrialización es considerada un eje central de la seguridad económica y nacional. El nuevo documento estratégico norteamericano plantea explícitamente que la fortaleza industrial es condición de la primacía económica y militar. La competencia entre Estados vuelve a girar en torno a cadenas de suministro, tecnología crítica, energía y manufacturas estratégicas.

La Argentina no puede discutir su modelo productivo al margen de esta realidad.

Ventajas comparativas y estrategia de integración

Argentina posee ventajas claras en agroindustria, energía convencional y no convencional, minería y economía del conocimiento. El desafío no es abandonar la industria manufacturera en favor de esos sectores, sino integrarla a ellos. La clave desarrollista es el encadenamiento productivo.

Esto implica avanzar en la fabricación local de equipos, válvulas, estructuras y servicios de ingeniería asociados a Vaca Muerta y a las energías renovables; desarrollar proveedores metalmecánicos, químicos y de automatización vinculados a la minería; potenciar la maquinaria agrícola avanzada, la biotecnología, el procesamiento industrial y la logística inteligente en la agroindustria; e incorporar automatización, robótica y digitalización a los procesos manufactureros mediante la economía del conocimiento.

La industria debe transformarse en proveedora tecnológica de los sectores con ventajas competitivas, elevando el contenido local y el valor agregado. Sin integración, la economía se fragmenta. Con integración, se construye desarrollo.

¿Qué debe hacer el Estado?

El desarrollismo clásico no proponía proteccionismo perpetuo, sino protección inteligente, temporal y estratégica.

En el contexto actual, el Estado debería avanzar en una reforma tributaria productiva que reduzca impuestos distorsivos acumulativos y alivie a la producción formal; en una modernización laboral que disminuya la litigiosidad y otorgue previsibilidad a la inversión; en la construcción de un sistema de crédito productivo orientado al desarrollo industrial de largo plazo; en infraestructura estratégica que mejore logística, energía, transporte y conectividad digital; y en una apertura gradual y administrada que establezca cronogramas compatibles con la reconversión tecnológica sectorial.

A ello debe sumarse un componente central: mejoras institucionales y de gobernanza productiva que aseguren estabilidad normativa, reglas previsibles, coordinación público-privada, agencias técnicas con continuidad estratégica y una política industrial transparente, evaluable y profesionalizada.

La apertura sin política productiva acelera la desindustrialización.
La apertura con estrategia puede impulsar la modernización.

¿Qué deben hacer las empresas?

El nuevo escenario exige transformaciones profundas puertas adentro. Las empresas industriales deben invertir en tecnología y automatización, integrarse a cadenas de valor exportadoras, profesionalizar la gestión y la planificación financiera, asociarse sectorialmente para ganar escala, incorporar digitalización y eficiencia energética, y orientarse a estándares internacionales de calidad y productividad.

El debate no es supervivencia defensiva. Es reconversion estratégica.

Estabilización o desarrollo

La estabilización macro es condición necesaria. Pero el desarrollo nacional exige algo más: estrategia.

Frondizi y Frigerio comprendieron que el desarrollo no es espontáneo. Es el resultado de una decisión política de Estado que articula capital, tecnología, industria y mercado interno con inserción internacional inteligente.

La Argentina enfrenta hoy una disyuntiva histórica: convertirse en un exportador primario estabilizado o construir un proyecto de desarrollo integrado con base industrial moderna.

La industria no es nostalgia. Es capacidad de futuro. Es el espacio donde una Nación transforma recursos en conocimiento, conocimiento en tecnología y tecnología en poder económico y soberanía.

La discusión de la industria es, en última instancia, la discusión sobre el tipo de Nación que la Argentina quiere ser en el nuevo escenario global.


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