La incomodidad de Trump en Irán

La guerra no parece tener fin. Encima el escenario no puede ser peor para Trump donde su imagen está en caída y la mayor preocupación de la ciudadanía es la economía. Además, las elecciones legislativas en noviembre que pueden ser una verdadera debacle electoral para los republicanos con la posible pérdida del control de la Cámara de Representantes y quizás también la del Senado

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El contexto no puede ser peor para Trump, en un escenario donde su imagen está en caída y la mayor preocupación de la ciudadanía es la economía
El contexto no puede ser peor para Trump, en un escenario donde su imagen está en caída y la mayor preocupación de la ciudadanía es la economía

La operación Furia Épica lanzada hace un mes por Donald Trump puede terminar siendo un verdadero dolor de cabeza para el magnate republicano. El objetivo central de la operación, en conjunto con Israel, consistía en destruir las instalaciones militares del régimen iraní, principalmente el programa nuclear y de misiles de largo y corto alcance, y decapitar a los jerarcas iraníes. Si bien se eliminó al líder supremo Alí Jamenei, la estructura de poder del régimen se mantiene intacta y a la defensiva total con ataques a las monarquías del Golfo Pérsico como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar, Bahrein sumado a Israel y el bloqueo del Estrecho de Ormuz.

Con el correr de los días se presenta varias dudas desde Washington sumado a la impredecibilidad que nos tiene acostumbrado Trump. Desde que comenzó la escalada bélica, por día el ejército estadounidense gasta más de mil millones de dólares en armamento, combustible y personal. Dinero que se podría destinar a los problemas socioeconómicos que afronta la sociedad estadounidense.

Además, acumula 13 soldados fallecidos y ya hay en torno a 300 militares heridos. El precio del petróleo ha aumentado por el bloqueo del Estrecho de Ormuz, que esta generando una crisis energética mundial y agita los mercados. Sin embargo, en varias ocasiones, Trump aseguró que Estados Unidos ha ganado la guerra. Pero la realidad demuestra todo lo contrario. El público estadounidense, al igual que el mundo, está en contra de esta cruzada de la administración Trump. Encima el régimen iraní no cede a las exigencias del magnate republicano y desafían abiertamente a la Casa Blanca que serán ellos lo que decidan cuando termina la guerra.

El contexto no puede ser peor para Trump, en un escenario donde su imagen está en caída y la mayor preocupación de la ciudadanía es la economía, principalmente la inflación sumado a su vinculación con el pedófilo Jeffrey Epstein y lo más importante las elecciones legislativas en noviembre que pueden ser una verdadera debacle electoral para los republicanos con la posible pérdida del control de la Cámara de Representantes y quizás también la del Senado.

Incredulidad o no, Trump y sus colaboradores, pensaron que con los feroces bombardeos y la eliminación del líder supremo Alí Jamenei y los jerarcas más importantes del régimen, la rendición era inevitable. Se calculaba que tras lo acontecido en los ataques contra el programa nuclear en junio, que duró 12 días, y la extracción de Nicolás Maduro en Venezuela, con pocas bajas, habría un cambio de régimen o la opción de encontrar una Delcy Rodríguez versión iraní. Tremendo error de cálculo. El sucesor de Jamenei, su hijo Mojtaba, más joven y radical, que piensa que es necesario más que nunca obtener un bomba atómica para disuadir posibles ataques a futuro. Encima la persona que manejaba los hilos de la compleja estructura de poder del régimen y era el interlocutor con Occidente, Alí Lariyaní, fue eliminado por Israel, dejando un vacío para establecer un diálogo para terminar el conflicto.

De manera impecable, Irán contraatacó a sus vecinos del Golfo, paralizó el tránsito del petróleo y el tráfico aéreo. Además, Washington contaba con la posibilidad de una revuelta popular como las que sucedieron recientemente, que no se hizo efectiva. Tampoco, hasta el momento, acudieron a los kurdos. La administración Trump se metió en un laberinto en el cual aún no sabe cómo salir.

La impredecibilidad de Trump es una constante. Con declaraciones contradictorias día tras día que se mezclaron con dichos en otros sentidos con miembros de su gabinete. De estar terminada la guerra y de que se acabará pronto a la incertidumbre total.

Trump alegó que el objetivo principal era impedir el acceso a un arma nuclear y destruir el programa de misiles iraní. Lo contradictorio es que juró y perjuró que todo el programa nuclear iraní había sido «aniquilado» en los ataques de junio de 2025. Las explicaciones del ataque suenan poco creíbles en la opinión pública estadounidense, y tampoco involucró al Congreso que tiene la potestad exclusiva de declarar la guerra como señala la Constitución. Tampoco le avisó a la OTAN. Encima se suma a este complejo escenario la dimisión de Joe Kent a la dirección del Centro Nacional de Antiterrorismo y miembro de MAGA, que manifestó que Irán no representaba ningún peligro inminente a la seguridad de EE.UU.

Indómito, Trump se vanaglorió con la destrucción de la Armada iraní, la eliminación de Jamenei, de los ataques a las instalaciones principales, de dominar el espacio aéreo iraní y minimizó sus programas de drones y misiles balísticos.

Si el conflicto se sigue extendiendo las encuestas, que ya eran malas, van a empeorar por la suba de los precios en el petróleo inevitablemente afectaría a las estimaciones de inflación, de crecimiento y de déficit. La posibilidad de éxito parece nula sino hay un cambio dentro del régimen que quiera negociar. Pakistán, Egipto y Turquía están siendo intermediarios para lograr un acuerdo entre las partes. Por ahora, es solo una intención. Irán ya dejó claro que quiere por derecho plena soberanía del estrecho, que no ataquen a su país en el futuro y una reparación por lo ataques sufridos.

Dentro de la impredecibilidad de Trump, amenazó con atacar las reservas energéticas del país persa. Además, el líder republicano con su verborragia agresiva tildó de “cobardes” a los miembros de la OTAN por no querer ser parte del actual conflicto que ni comprende ni comparten al igual que la sociedad estadounidense sumado a varios miembros del movimiento MAGA, que cuestionan a diario el accionar de Trump y le recuerdan sus promesas de campaña que eran enfocarse en los problemas internos y no gastar dinero en conflictos externos. Sin embargo, ha hecho todo lo contrario. Lejano ha quedado el eslogan America First (Estados Unidos primero).

Ante la impredecibilidad y contradicciones constante de Trump, el régimen iraní se beneficia. Resiste a los embates de EE.UU e Israel. Bombardea indiscriminadamente a diario a sus vecinos del Golfo Pérsico con la clara intención de extender la guerra. Simultáneamente mantiene con puño de hierro la represión interna, ejecuta en público en la horca a opositores y mantiene de rehén al mundo a una posible crisis energética sin precedentes al atacar barcos y bloqueando el Estrecho de Ormuz. Cabe agregar, además, que siguen peligrando vidas civiles e infraestructuras críticas en toda la región cada día que pasa y aún el escenario puede ser peor.

A Trump no le conviene que el conflicto se siga prolongando. Ya ha generado una división profunda en sus bases y electorado más fiel. Ni hablar de la posibilidad de una rebelión interna de legisladores republicanos que no quiere perder sus escaños en noviembre. Además, el público estadounidense se muestra contrario a la guerra y su economía puede empeorar aun más por el aumento de la gasolina. Las monarquías del Golfo que se mantienen prudentes y a la defensiva de los ataques de Teherán, son los más perjudicados y si bien buscaron una salida diplomática, también temen que Irán salga fortalecido del actual conflicto y se envalentone a futuro. La mayor ganancia del actual conflicto es toda para Israel, que convenció a Washington de ser parte de la partida y logró la eliminación de gran parte del poder político del régimen iraní y ha llevado la guerra al Líbano contra Hezbollah, la milicia chiita y unos los proxies de Irán.

Sin dudas, Trump transita por un laberinto donde las salidas al conflicto siguen siendo complejas. El contexto es explosivo. Una derrota estadounidense sería una catástrofe. Otra posibilidad sería una oposición interna sumado a una presión internacional para que la administración Trump termine con el conflicto y reabra el comercio a través del estrecho. Irán quedaría golpeado, pero demostrando que a pesar del poderío y superioridad militar estadounidense pudo mantener bloqueado el estrecho. Ambos escenarios serían adversos y un verdadero fracaso para Trump. Una opción intermedia es que Estados Unidos reabra el estrecho manteniendo al actual régimen iraní con una negociación superadora que exponga a ambos puedan enarbolar banderas de victorias. En definitiva, se mantendría el equilibrio en una de las regiones más importante del mundo.