La reconfiguración del paisaje industrial: del «saber hacer» al «saber importar»

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El actual esquema macroeconómico argentino no solo está transitando una etapa de recesión cíclica; lo que hoy se observa es una transformación estructural del entramado productivo que amenaza con ser irreversible. Según el último Informe de Coyuntura de Sistémica (N°02 – Febrero 2026), nos encontramos ante una «reconfiguración preocupante» donde el desplazamiento de la producción local por bienes importados está desmantelando décadas de capacidades técnicas y empleo calificado.

La parálisis de las máquinas

Los datos oficiales de inicios de este año confirman el diagnóstico de parálisis. Según el INDEC, la utilización de la capacidad instalada en la industria cayó al en enero de 2026, alcanzando niveles críticos que no se veían desde los peores meses de 2024. Sectores estratégicos para el desarrollo muestran fábricas semivacías: la industria automotriz opera apenas al de su potencial, mientras que el rubro textil sobrevive con un escuálido de sus máquinas en marcha.

Esta subutilización no es gratuita. La Unión Industrial Argentina (UIA) señala en su Monitor de Desempeño Industrial (MDI) que el sector acumula 15 meses consecutivos en zona de contracción. El impacto en el mercado laboral ya es tangible: el de las empresas industriales redujo su plantilla de personal en el primer mes del año, con una proyección de mayores ajustes para el resto del semestre.

El síntoma de la apertura: casos testigos

El informe de Sistémica destaca que el cierre de la planta de FATE en San Fernando —tras una caída del en su producción ante la competencia de neumáticos de origen oriental un más baratos— es el caso más emblemático, pero no el único.

La apertura importadora, que en 2025 registró un incremento récord del en cantidades de bienes de consumo, está empujando a empresas históricas a la reconversión o el cierre:

  • Baterías Moura: Recientemente anunció el cierre de dos líneas de producción en Pilar para comenzar a importar directamente desde Brasil.

  • Kopelco (Tulipán): Despidió a 220 trabajadores debido a la retracción del consumo y la competencia externa.

  • Frigoríficos: El cierre definitivo del frigorífico San Roque en Morón y las suspensiones masivas en ArreBeef demuestran que ni siquiera los sectores vinculados a la alimentación están a salvo de la pérdida de competitividad.

La pérdida del «laboratorio de prueba»

Desde una perspectiva desarrollista, el peligro más grave no es solo la pérdida de divisas o el aumento del desempleo, sino la destrucción del «laboratorio de prueba». Como señala Sistémica, cuando una empresa como Tenaris pierde una licitación clave (como la del gasoducto Perito Moreno) frente a competidores indios que utilizan acero chino subsidiado, la Argentina pierde la oportunidad de perfeccionar sus propios procesos industriales.

El desarrollo no se compra hecho; se construye haciendo. La importación de bienes finales que podrían producirse localmente implica la renuncia a la innovación tecnológica y a los encadenamientos productivos que sostienen a miles de PyMEs.

En el mediano y largo plazo, la pérdida de estos eslabones no sólo va a afectar al entramado social, sino incluso a agravar la viabilidad macroeconómica: la elasticidad-ingreso de las importaciones será más alta, dejando al sistema económico más expuesto a episodios recurrentes de escasez de divisas  y reforzando las restricciones estructurales al desarrollo.

Hacia una política comercial inteligente

La evidencia recolectada por diversos medios y consultoras indica que la brecha entre la macroeconomía y la microeconomía se ensancha. Mientras algunos indicadores financieros muestran estabilidad, la desaparición de más de 21.000 empresas empleadoras privadas desde finales de 2023 marca una «primarización» de la economía.

Para revertir este escenario, el análisis de coyuntura sugiere que es imperativo transitar hacia una política comercial estratégica. Esto no implica un aislamiento anacrónico, sino el uso de herramientas modernas: cupos específicos para mitigar el dumping de economías con costos laborales artificialmente bajos, incentivos fiscales a la inversión en bienes de capital y una administración del comercio que priorice el ingreso de insumos y maquinaria por sobre los bienes de consumo finales.

Por eso, el debate no pasa por estar a favor o en contra de la competencia, sino por entender que no hay mercado libre posible sin un Estado que limite el dumping, los abusos de posición dominante y las
distorsiones sistémicas. Desde Argentina, el panorama plantea la necesidad de abordar posibles medidas como: a) cupos de importación a los productos chinos con un porcentaje de mercado, b) priorizar la actividad económica por la velocidad de la reducción de la tasa de inflación que se derivaría de un aumento del tipo de cambio y reducción de la tasa de interés y c) reimplantación de una tasa de estadística a las importaciones (5%) que permita reducir la distorsión del impuesto a los créditos y débitos bancarios.

El Gobierno está a tiempo de poner en valor todo lo realizado en estos dos años en materia de ordenamiento fiscal, monetario y desregulatorio. Sin embargo, debería evitar que las distorsiones macroeconómicas señaladas y la falta de acción en el terreno del comercio exterior generen un verdadero industricidio y un incremento intolerable de la desocupación que nos transformen en una sociedad inviable.


Fuentes citadas:

  • Sistémica – Informe económico de coyuntura N°02 (Febrero 2026).

  • INDEC – Utilización de la capacidad instalada en la industria (Enero 2026).

  • UIA – Monitor de Desempeño Industrial (MDI).

  • Reportes de prensa: Infobae, Ámbito Financiero, Agencia NA y TN.