Mariano Moreno, el ilustrado reformista del primer gobierno patrio

Idealista y voraz lector, fue el miembro más revolucionario de la Primera Junta, que murió en circunstancias enigmáticas

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Mientras en el Cabildo de Buenos Aires se deliberaba calurosamente los pasos a seguir en las tensas jornadas de mayo de 1810, entre los comensales, estaba un hombre de contextura enjuta y con cicatrices en la cara, se trataba de Mariano Moreno que caminaba con cierto nerviosismo por las galerías del histórico edificio, según cuenta Vicente Fidel López de varios extractos de una carta firmada por José Darragueira. A pesar de las contradicciones del día 22 de mayo, Moreno votó, pero no emitió ninguna palabra. Su presencia pasó desapercibida en los días de mayo cuando se cocinaba la conformación del primer gobierno patrio, sin embargo, en el detrás de escena propuso la destitución del Virrey Cisneros y tomar el gobierno. Además, Moreno tenía la información fidedigna que los españoles habían convencido a Cornelio Saavedra para que conformará una nueva junta presidida por Cisneros más dos españoles y Juan José Castelli. Indignado ante semejante noticia, Moreno se rehúso y manifestó “no cuente conmigo”.

Finalmente, se creó una nueva junta de gobierno conformada por seis criollos, dos españoles, militares y uno por parte del clero. El nombramiento de Mariano Moreno como secretario de Guerra y Gobierno sorprendió a muchos. Incluso a él mismo. Se enteró horas después de su nombramiento. Era el abogado de varios de los miembros del Cabildo, entre ellos Feliciano Chiclana y Eustoquio Díaz Vélez.

Desde su nombramiento como secretario de la junta pasaron 206 días en los que Mariano Moreno vivió de manera intensa su vida pública. Moreno nació en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. Sus padres Manuel Moreno y Argumosa, oriundo de Santander, y la porteña Ana María Valle, tuvieron 14 hijos, siendo Mariano el mayor. Su padre don Manuel, era un hombre estricto que llegó al Río de la Plata procedente de Santander en 1776. Riguroso le marcó una rutina a su hijo día a día que debía regresar a la casa tras la escuela para estudiar. Esto generó en Mariano ser un voraz lector, que inclusive leía en las horas de sueño.  Su padre padecía una situación económica precaria. Si bien Mariano pudo estudiar en la Escuela del Rey, apenas pudo entrar en el Colegio San Carlos como oyente, ya que su padre no tenía el dinero suficiente para poder anotarlo como pupilo. Su interés por la lectura hizo que se relacionase con uno de sus profesores Fray Cayetano Rodríguez, del convento de San Francisco, quien le abrió las puertas de la biblioteca de los franciscanos.

Sus padres católicos ambos, contra su voluntad anhelaban que Mariano sea cura. Con 20 años, Mariano gracias a la ayuda de Cayetano Rodríguez que logró juntar unos mil pesos de la época para que pueda estudiar en la prestigiosa Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca. Además, tanto su padre como el cura Felipe Iriarte, aportaron para los gastos del viaje. Mariano de chico a la edad de ocho años padeció viruela, que le dejó cicatrices en la cara y durante toda su corta vida tuvo varios problemas de salud. Mientras se dirigía a Chuquisaca, a la altura de Tucumán, un reumatismo lo dejó postrado en la cama por dos semanas. Cuenta su hermano Manuel que Mariano se salvó de milagro. En la universidad fue apadrinado por el canónigo Matías Terrazas. Allí devoró varios libros. Entres sus autores de preferencia estaban Montesquieu, D’Aguesau, Reynal y Rousseau, entre otros.

Mariano estudió el doctorado de Teología y luego hizo lo propio con el Derecho, situación que sorprendió y fue contra los deseos de sus padres. En su estadía en Chuquisaca, mientras caminaba por sus calles quedó impactado ante la belleza de una señorita cuyo retrato pequeño en un camafeo se exhibía en una joyería. Curioso, don Mariano, quiso averiguar de quién se trataba. Era Guadalupe Cuenca, de 13 años, que había perdido a su padre y su estricta madre tenía la intención de recluirla en un convento para que fuera monja. Mariano conquistó el corazón de Guadalupe, y se casaron en esa ciudad y tuvieron un solo hijo, en 1805, que llevó el nombre de su padre. Ese preciso año volvió con su familia a Buenos Aires.

Ejerció la abogacía en la ciudad y fue empleado del Cabildo. Perteneció al grupo de Martín de Alzaga que se alzó contra el Virrey Santiago de Liniers en la asonada del 1 de enero de 1809. La participación de Mariano fue secundaria y para la sorpresa de muchos historiadores no fue desterrado como todos los demás conspiradores. Incluso Liniers no lo persiguió y, además, le permitió ejercer la defensa de Alzaga. En la época de Cisneros, don Mariano escribió la Representación de los Hacendados, en la que solicitaba por la libertad de comercio y defendía al productor rural.

Don Mariano fue miembro de la Logia Independencia fundada por Julián Álvarez, donde varios de nuestros próceres como Manuel Belgrano, Juan José Paso, entre otros, fueron parte de la logia, que tenía dentro de sus planes la emancipación del yugo espanol.

Su actuación en la Primera Junta

Tras los sucesos de mayo, ya conformada la Primera Junta, Moreno no titubeo cuando tuvo que firmar el fusilamiento del héroe de la Reconquista, Santiago de Liniers y sus secuaces, que se habían levantado en armas contra la revolución, aunque la decisión fue aprobada por la junta. Moreno creó el 2 de junio de 1810, la Gazeta de Buenos Aires, un periódico semanal con el objetivo que la población sepa de las noticias interiores y exteriores. Además, don Manuel creó una academia de instrucción militar y de matemáticas para oficiales, que comenzó a funcionar el 1 de septiembre de ese año. Luego, dos semanas después, anuncio la creación de la primera biblioteca pública que tendría la ciudad de Buenos Aires. Hizo hincapié, también, en mejorar los puertos de Ensenada y de Patagones.

Pero dentro de la junta había una tenaz interna entre el presidente Cornelio Saavedra y don Manuel. Saavedra representaba a los terratenientes y comerciantes porteños y bonaerenses. En cambio, Moreno estaba más del lado de las posiciones liberales, con ideas más revolucionarias que entendía que el cambio era también un cambio de sistema, de modelo económico y de inclusión, con una visión de país federal en forma de república.

Durante los festejos, en el cuartel del Regimiento de Patricios, por la primera victoria contra los españoles en la Batalla de Suipacha, hubo un agasajo pomposo al invitado principal Cornelio Saavedra y su esposa, Saturnina Otárola. En la algarabía del festejo, Atanasio Duarte, un capitán de Húsares, pasado de copas propuso un brindis, tomó una corona hecha con dulces y se la colocó en la cabeza de la esposa de Saavedra, exclamando: «¡Viva el emperador de América!». Previamente, a Moreno no se le permitió ingresar al cuartel por la insólita acción de un centinela. Al enterarse de lo acontecido con Saavedra, Moreno redactó el famoso decreto de supresión de honores, en el que prohibía todo brindis o aclamación pública en favor de los miembros de la junta. Además, don Mariano no veía con buenos ojos que Saavedra gozara de ciertos privilegios que tenía los virreyes, como la de alojarse en el Fuerte, usar el carruaje oficial y que hasta su esposa tuviera escolta cada vez que se movilizaba por la ciudad. Encima, Saavedra percibía un sueldo mayor que los otros miembros de la junta. La igualdad ante todo, era uno de los emblemas de Moreno.

Moreno abogaba por el sistema republicano contrario a los que proponían una monarquía de gobierno, que la independencia era fundamental y que se requería una constitución. Don Manuel era admirador del sistema de gobierno inglés con el equilibrio de poderes dentro de un sistema republicano. Es su escrito, en la Gazeta del 6 de diciembre de 1810, «Sobre las miras del Congreso que acaba de convocarse y Constitución de Estado», dejó explícito su orientación republicana y aboga por un sistema federal que considera el más digno pero que va a ser de difícil aplicación. Además, Moreno no critica en sí la incorporación de los diputados del interior a la junta sino que esos diputados se sumen a un Poder Ejecutivo en lugar de formar un Legislativo que realmente atienda los intereses de las provincias y redacte una constitución.

Pero todo fue en vano. En ese momento, Moreno estaba en minoría porque quienes podían apoyarlo tanto Manuel Belgrano como Juan José Castelli, estaban a cargo de diferentes expediciones militares. Acorralado ante el avance del saavedrismo, Moreno decidió renunciar y le solicitó a Saavedra ser parte de la misión diplomática a Reino Unido a la que iban a enviar a Hipólito Vieytes. El presidente de la junta le cumplió el deseo y don Mariano partió en compañía de su hermano Manuel y su secretario privado, Tomás Guido.

En el alta mar, don Mariano comenzó a tener molestias y mareos, tras suministrarle el capitán del barco, George Stephenson, un calmante para su recuperación, su estado empeoró y agonizó por tres días. La luz de su vida se apagó el 4 de marzo de 1811. Tenía 32 años.

Sigue siendo un misterio para nuestra historia si a Moreno lo mataron o no. En vano la docena de cartas que le envió su mujer Guadalupe que le contaba sobre la situación política nunca llegaron a destino. Encima su amada recibió en su domicilio un abanico y ropa de viuda con el macabro mensaje «pronto lo va a necesitar».