¿Trump un aliado incómodo de la ultraderecha europea?

Los líderes ultraderechistas europeos mantenían una alianza ideológica con el presidente estadounidense, pero los posicionamientos del magnate republicano que implican claros desafíos a la soberanía nacional, sus constantes desaires y castigos comerciales a Europa, dejan a los ultranacionalistas en una posición incómoda.

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Sin medias tintas, Donald Trump ha apoyado a varios mandatarios y candidatos de extrema derecha alrededor del mundo considerados aliados ideológicos. Contrario a lo que marca el manual de la diplomacia que un presidente no debe inmiscuirse en asuntos internos de otros países, el magnate republicano hace todo lo contrario involucrándose en los procesos electorales en las que se suele ufanar de sus acciones.

Trump puso especial atención a Europa. Primero con su guerra arancelaria mundial que también afectó a los productos europeos. Tras negociaciones arduas se había logrado un acuerdo que aún no fue ratificado por el Parlamento Europeo por una nueva subida de aranceles por parte de Washington, que Trump manifestó que hará efectiva.

La administración del republicano considera que el viejo continente entró en una etapa de «decadencia» liderada por los peores líderes de su historia. Además, critica abiertamente la política migratoria, consideran algunos partidos políticos europeos tradicionales antidemocráticos por su posición contra los partidos de ultraderecha y alega falta de libertad de expresión en varios países del continente.

 A este escenario se suma sus frecuentes críticas a la OTAN, ataques desmedidos y un desaire constante a sus aliados europeos como el caso de no notificarlos sobre sus planes de ataques contra Irán y luego pedirles ayuda para controlar el estrecho de Ormuz, que los europeos se negaron rotundamente.

Además, su posición ambivalente en la guerra de Ucrania con entendimientos con Moscú para poner fin al conflicto, en detrimento a los intereses de Kiev, que desconcierta a todos y la intención que tuvo de apoderarse de Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca.

Sin embargo, Trump ha sumado aliados en la extrema derecha europea. Su principal interlocutor es el húngaro Viktor Orban, que recientemente perdió de manera aplastante las elecciones ante el conservador y exmiembro de sus filas Péter Magyar. El apoyo de Trump fue implícito al enviar en plena campaña electoral a su vicepresidente JD Vance, que fue partícipe de un mitin de Orban.

Trump, un aliado incómodo

Los ultraderechistas europeos se abrazaron a las ideas y a las posturas del magante republicano y a su apoyo constantes a sus partidos, incluso cuando su doctrina de “American First” no beneficiaba a sus países.

Pero los posicionamientos de Trump que implican claros desafíos a la soberanía nacional, sus constantes desaires y castigos comerciales a Europa, dejan a los ultranacionalistas en una posición incómoda.

El punto de mayor incomodidad fue sus amenazas de apoderarse de Groenlandia y sus críticas en Davos, Suiza, donde manifestó la decadencia del viejo continente.

Si bien su máximo aliado era Orban, la premier italiana Giorgia Meloni, se había posicionado como un puente entre Trump y la Unión Europea (UE). Hubo mutuos gestos de admiración y halagos exagerados al mejor estilo Trump. Sin embargo, la relación entre ambos tuvo cortocircuitos por la posición del presidente estadounidense que afirmó que los soldados europeos habían desempeñado un papel menor en Afganistán y sus choques con el Papa León XIV referentes a la Guerra de Irán. La férrea defensa al Santo Padre que hizo Meloni enfrío la relación con el republicano.

En el caso del líder británico de ultraderecha de Reform UK y un aliado de larga data de Trump, Nigel Farage, consideró las aspiraciones de Trump sobre Groenlandia como un “acto hostil”.

Robert Filco, primer ministro eslovaco, es considerado uno de los aliados más cercano de Trump en la UE a pesar de sus contradicciones en su primer mandato, entre 2006 a 2010, que buscó alinearse a China, Rusia, Venezuela y Cuba. Aunque desde su retorno al poder mantuvo una posición de alineamiento total hacia EE.UU.

En el caso francés, la líder Marine Le Pen y su delfín político, Jordan Bardella, presidente del partido de extrema derecha Agrupación Nacional, mantienen desde hace años cierta cautela hacia Trump y calificaron de “inaceptable” sus intenciones sobre Groenlandia y de “chantaje” sus amenazas de querer imponer aranceles a Francia.

Un párrafo aparte en la relación que mantiene con los ultraderechistas alemanes de Alternativa para Alemania (AfD), que en palabras del vicepresidente JD Vance pidió a los líderes alemanes permitir la entrada de AfD al gobierno federal alemán. Actualmente AfD es considerado por la inteligencia alemana una organización de extrema derecha comprobada, que utiliza lemas nazis por parte de algunos de sus miembros. Dentro de las filas de AfD hay discrepancias internas sobre las posturas de Trump hacia Europa. Algunas a favor, intermedias y en contra.

Siempre la administración Trump elogió y dio apoyo explícito a los partidos de la ultraderecha europea. La afinidad ideológica entre ambos formaba una alianza que cruzaba el Atlántico y era un verdadero dolor de cabeza para Bruselas.

Sin embargo, desde su regreso a la Casa Blanca, los postulados de Trump hacia Europa chocan con la defensa férrea de estos partidos que priorizan el orgullo nacional y la soberanía, que los deja en una posición compleja.

La resistencia de la centroizquierda y los liberales

Con la derrota de Orban en Hungría, Trump pierde un valioso aliado en el viejo continente al igual, también, que el líder ruso Vladimir Putin. La posición contraria de Trump contra Europa, generó en varios votantes de los ultraderechistas europeos cierta mirada de recelo hacia Estados Unidos. Recientes encuestas en Francia, Alemania y Reino Unido muestran a la baja con un 15% su consideración de socio confiable a Estados Unidos. Tanto estos números como los ataques de Trump están siendo aprovechados por los partidos de centroizquierda para desacreditar a sus oponentes de derecha.

Y quedó expuesto que los partidos políticos y candidatos respaldados por Trump pierden apoyos o han tocado su techo electoral. Los datos muestran que los partidos europeos que quieren destruir a la UE, los ciudadanos votan contra ellos en las urnas.

Un caso concreto fue lo acontecido en Dinamarca. La primera ministra socialdemócrata, Mette Frederiksen,  se puso firme y le plantó cara a Trump ante sus aspiraciones de apoderarse de Groenlandia. Su coraje y determinación le permitieron ganar las últimas elecciones.

Otro caso recurrente fue en los Países Bajos, con la caída de la extrema derecha liderada por el islamófobo, Geert Wilders, que permitió en casi dos décadas que los neerlandeses tengan ahora un primer ministro liberal-progresista, Rob Jetten.

En Portugal, el socialista António Seguro, ganó los comicios presidenciales con casi un 67% de votos frente al ultraderechista André Ventura. En Eslovenia, el primer ministro liberal Robert Golob se impuso frente al expremier, Janez Jansa, apoyado por Trump y Putin.

En las últimas elecciones municipales en Francia se vio que Agrupación Nacional tocó su techo y hubo una recuperación del socialismo tradicional francés, una buena performance de la izquierda y una considerable elección no prevista de los partidos liberales que apoyan al presidente Emmanuel Macron. La extrema derecha tuvo una resonante victoria en la ciudad de Niza. Pero su candidato Éric Ciotti, proviene de la derecha tradicional. El Partido Socialista obtuvo victorias importantes en París, Marsella y Lyon. La extrema derecha no logra ganar las principales ciudades del país galo esenciales para sus aspiraciones presidenciales del año próximo.

En Italia, las aspiraciones de la premier Giorgia Meloni de reformar la justicia fue una estrepitosa derrota por casi ocho puntos en el referéndum constitucional que ella mismo convocó. Fue una derrota inesperada y dolorosa para Meloni, que encima tuvo una participación mucho mayor de lo esperada, que supone un plebiscito negativo a su gestión.

Sin dudas, los ciudadanos europeos vienen demostrando que priorizan la unión del continente primordialmente ante la amenaza latente de Rusia y ahora contra los ataques constantes de Trump hacia ellos. Toda una disyuntiva para los partidos ultranacionalistas europeos que ven que la alianza con el magnate republicano perjudica sus intereses y principalmente sus ansias de poder llegar al poder.