Realidades de la cumbre de EE.UU y China

El encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping en Pekín exhibió cordialidad y buena sintonía entre ambos líderes. Sin embargo, no hubo grandes concesiones, pero hubo gestos de cooperación y promesas de estabilidad.

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En la tan esperada cumbre entre Estados Unidos y China celebrada en Pekín se vivió un clima de elogios mutuos, agasajos y promesas de estabilidad. Sin embargo, lo que más importa en estas cumbres son los arreglos y compromisos que se verán si se harán efectivos en los tiempos venideros.

Desde el momento que el líder chino Xi Jinping recibió a su homólogo estadounidense, Donald Trump, con todos los honores se notó una cálida sintonía entre ambos líderes. Tras el apretón de manos en el Gran Salón del Pueblo, luego recorrieron el Templo del Cielo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, que cuenta con siglos de antigüedad y está vinculado a rituales. Alrededor de los mandatario hubo un solemne protocolo al estilo chino acompañado de declaraciones amistosas, brindis y los flashes de las fotos que dejan una postal del acontecimiento histórico.

China tiene la intención de establecer reglas claras en la competencia que mantiene con el gigante del norte y que no trastoque la estabilidad internacional. Obtener logros pequeños y concretos más teniendo en cuenta que enfrente tiene que lidiar con la impredecibilidad de Trump. Eso Xi lo sabe, y es pragmático en sus movimientos y mantiene una templanza de acero.

En cambio, Trump llegó golpeado a la cumbre con una pésima imagen que cosecha un 30% de aprobación de su administración, una inflación del 3,8% anual, el laberinto sin salida de la guerra contra Irán y su vinculación con el pedófilo Jeffrey Epstein, que lo deja en una posición compleja de cara a las elecciones legislativas de noviembre que pueden ser una verdadera debacle electoral para los republicanos con la posible pérdida del control de la Cámara de Representantes y quizás también la del Senado.

Además, se suma su rotundo fracaso en la guerra comercial que declaró deliberadamente con aranceles a los productos chinos que alcanzaron una cifra ridícula del 145%. Una escalada comercial sin sentido que se enfrío en octubre pasado en la Cumbre de Busan, Corea del Sur, con una tregua de un año, que acordaron ambos mandatarios.

La cuestión económica

Xi expresó con grandilocuencia que «EE.UU y China deberían ser socios, no rivales» y Trump recogió el guante afirmando que «es un honor estar a su lado y ser su amigo. Nuestras relaciones van a ser mejores que nunca. Vamos a tener un futuro fabuloso juntos.»

La actualidad mundial transita una encrucijada en gran medida provocada por las decisiones de Trump. Pekín, considera que su rival está en declive, pero aún necesita de la reciprocidad con reglas clara para poder mantener un equilibrio. En el plano económico, el gigante asiático controla el 90% del refinado mundial de tierras raras materiales esenciales en todas las industrias, desde teléfonos inteligentes a autos eléctricos. Además, refina en grandes cantidades el 65% del litio, el 75% del grafito y el 68% del cobalto a nivel mundial. A estos números se suma que controla más del 80% de la cadena de cada fase de la producción en energía solar y controla entre el 60% y 100% de los eslabones clave de sistema de las baterías.

El dominio en estos sectores sumado a las reservas naturales y la minería más sus avances e innovaciones en tecnología, es el resultado de la planificación y esfuerzo de décadas de la República Popular.

Estas son las herramientas con las que cuenta China y sabe que EE.UU las necesita. Es una moneda de negociación para lograr ciertas concesiones de Washington. Pekín se comprometió a comprar aviones Boeing, productos agrícolas, principalmente soja, y vacuno. Son acuerdos comerciales clásicos, que pueden ser exhibidos con “éxito” por Trump. En gran medida se gana tiempo. Tras el fracaso de la guerra arancelaria lanzada por el magante republicano, China aceleró nuevas rutas comerciales y consolidó nuevos mercados y significativos acercamientos con Europa y Canadá, maltratados por Trump. China se muestra abierta al mundo y sobre todo un socio confiable.

Taiwán, una línea roja para China

Sin medias tintas, Xi dejó en claro que para que las relaciones se mantengan Washington no debe interferir en Taiwán. Es una de las «cuatro líneas rojas», que según los criterios de Pekín, Estados Unidos no debe transgredir. Principalmente la cuestión de Taiwán, la democracia y los derechos humanos, el sistema político chino y el derecho soberano de China para su desarrollo. La declaración presenta una advertencia total a la administración de Donald Trump, que si algunos de estás “líneas rojas” son cruzadas podría agravar las relaciones entre ambas potencias.

Si bien EE.UU le vende armamento a Tapei, su posición en caso de invasión china a la isla es ambigua desde la época que Richard Nixon visitó y reestableció relaciones diplomáticas con Pekín en 1972. Y es la posición que mantiene Trump, que siempre esquiva el tema sin respuestas concretas con el fin de no generar roces con China. Además, la Casa Blanca habría ordenado congelar temporalmente un paquete de venta de armas valorado en unos 14.000 millones de dólares, impulsado por el Congreso en enero, según fuentes del Capitolio. La intención es clara no generar fricción con Pekín.

La complejidad de la Guerra de Irán

Trump sigue sin brújula en mano para salir del laberinto de la Guerra contra Irán. No cede a sus exigencias, pero tampoco puede doblegar a la República Islámica, que se mantiene firme en su posición y muestra una imagen de fortaleza. Este escenario de alta complejidad, deja a Trump mal parado y necesitado de pedir la intervención de China que tiene una enorme influencia sobre Teherán, siendo un apoyo político y comercial por ser el mayor comprador del petróleo iraní. Pekín calificó de ilegal los ataques de Estados Unidos e Israel que desataron la guerra el 28 de febrero, aunque fue crítico de los ataques del régimen persa contra los países del Golfo y ha solicitado que se reabra el estrecho de Ormuz.

Ambas potencias apoyan y necesitan la apertura del estrecho de Ormuz. También, coinciden que Irán no debe poseer un arma nuclear, según palabras de Trump. Pekín mantiene la misma estrategia que adopto en la Guerra de Ucrania. Desea la paz, muestra signos de cooperación mediante alguna mediación, sin embargo, mantiene una resistencia clara a involucrarse en conflictos ajenos. Además, China considera que es un problema de Washington que debe resolver por su cuenta, lo que deja abierta la posibilidad que la guerra se reanude.

La cumbre exhibió cordialidad y buena sintonía entre ambos líderes. Sin embargo, no hubo grandes concesiones, pero la sensación de cierta estabilidad estratégica a futuro. Aunque, Xi sabe de antemano de la impredecibilidad de Trump como lo acontecido tras su cumbre de 2017 donde el republicano de deshizo de elogios hacia Xi y luego en enero del 2018 inició una guerra comercial con Pekín, que generó relaciones tensas, con altibajos, durante el primer mandato del magnate.